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VIRGILIO MEDINA: “DECLARAR EN JUICIO ES COMO UN EXORCISMO QUE AYUDA A SACAR PESOS DE ENCIMA”

Historia de un sobreviviente del Terrorismo de Estado, las heridas que causaron la dictadura y la importancia de declarar en los Juicios de Lesa Humanidad.

Virgilio “Caro” Medina.

Virgilio Medina es el mayor de seis hermanos, se crió en la ciudad bonaerense de Lobos y recuerda su infancia con mucho cariño. Rememora la figura de su padre, Don Homero, un letrista de oficio afiliado al Partido Socialista Democrático, que ha marcado  a fuego su personalidad y su forma de ver el mundo, esa misma que lo llevó a no dudar en presentarse ante el Tribunal Oral en lo Federal Nª1 de La Plata para contar sus heridas en el juicio por los Pozos de Banfield, Quilmes y El Infierno.  

Su interés por la política y las cuestiones sociales también lo heredó de su padre, que era un hombre que hablaba poco pero que predicaba con el ejemplo de su militancia. En su casa, recuerda con una sonrisa, había un cuadro con letras verdes y blancas en el que figuraban las leyes que los diputados del Partido Socialista habían logrado en el congreso, leyes que siempre estaban a favor de los obreros.

Ya en su adolescencia, Virgilio se afilió al Partido Socialista en el que se hacían reuniones, debates y actos partidarios. Una vez más, fue Don Homero quien lo incentivó a formar un espacio de reunión para los jóvenes al que llamaron “Centro de Ciencias y Artes Florentino Ameghino” con el propósito de transmitir los distintos oficios y artes que los colaboradores del partido pudieran enseñar. 

A los 17 años, cuando paseaba por una plaza de Lobos, conoció a Lile, su esposa y compañera. Virgilio quedó impresionado a primera vista y con el correr del tiempo, luego de verse dos o tres veces a través de amigos en común, formalizaron su relación.  La joven pareja se casó unos años después y fueron llegando sus seis hijos. Virgilio recuerda aquellos años como tiempos de mucha felicidad y gran esfuerzo por progresar. 

Los años anteriores a su secuestro eran tiempos de mucha euforia.La juventud tenía gran participación en política y era una época de mucha movilización popular, Virgilio y su compañera participaban de muchas actividades junto a compañeros y amigos. Si bien él sabía que ser detenido implicaba correr riesgos, ya que aún antes del golpe era de público conocimiento que muchos militantes eran detenidos y encarcelados, nunca imaginó que lo que comenzaba ese día cambiaría para siempre su historia, la de su familia y la de todo el país.

El Secuestro

El 24 de marzo de 1976 Virgilio fue secuestrado por una Delegación de la Policía de la Provincia de Buenos Aires de la localidad de Lobos y Fuerzas del Ejército Argentino. “Entró un grupo de uniformados y preguntaron por mí, inmediatamente me di a conocer, fui detenido y trasladado a la Comisaría de Lobos”, recuerda. “Allí me piden los datos para identificarme, me hacen dejar el reloj, el dinero que tenía. Ahí pasó a los calabozos y oigo conversaciones de calabozos siguientes,  había gente de Lobos detenida. Mientras estaba allí  hubo un señor, creo que era Capitán y preguntó quién era yo, Virgilio César Medina le dije, “ahhh” contestó,  es decir que  tenía conocimiento lógicamente de mi detención”, cuenta.

Horas más tarde estuvo detenido en otra comisaría y luego fue trasladado nuevamente a lo que supone se trataba de las comisarías de Cañuelas o de Monte. Esta lógica de traslados por dependencias de la zona terminó cuando en horas de la noche llegó, a donde tiempo después supo que se trataba del centro clandestino de detención Pozo de Banfield. 

Centro Clandestino de Detención Pozo de Banfield

“Cuando llegamos escucho pisadas firmes, gente que va y que viene, se abre una puerta muy grande, por el ruido que hace y así ingresa el vehículo. Después descendimos, nos hacen formar ahí juntos, vendados y esposados, nos hacen caminar hacia una pared y fuimos sometidos a un simulacro de fusilamiento. Realmente pensé que nos fusilaban”, narra Medina.

Luego de esa terrible experiencia lo metieron en un calabozo y hubo algo que le causó mucha impresión: encontró ropa interior de mujer.: “Me corrió toda una cosa por el cuerpo, yo dije pucha, acá hubo una chica que quien sabe que hicieron de ella, que será de ella”.

Las condiciones de detención eran inhumanas, el pequeño calabozo era frío y húmedo y casi no recibía alimentos. Todas las noches se escuchaban gritos de jóvenes a quienes estaban torturando y lo que más le preocupaba era, llegado el momento, no decir nombres para que a otras personas no les ocurriera lo mismo que a él. “Uno tenía ese temor, que era toda una carga, sentía que al fin y al cabo de uno podía depender la suerte de otros compañeros, que podían pasarla mal como la estaba pasando yo o pasarla peor”, explicó.

“Así como encontré esa prenda femenina, encontré unos trozos de hilo sisal, con eso hice un trenzado y lo enganche en las bisagras de las puertas de acero, me colgué y me deje caer. Desperté después de un tiempo con dolor en el cuello, no dio resultado aquello, la cuerda se cortó”, recordó.

Virgilio Medina fue sometido a sesiones de tortura con picana eléctrica, pero lo que recuerda con más angustia aún es que todo el tiempo, sin saber si era de día o de noche, se escuchaban quejidos de  jóvenes que pedían por sus padres: “eso lo tengo grabado porque era una cosa muy fuerte, muy lacerante,  eso es una tortura que duele tanto o más que la otra porque entra en lo más profundo,  eran voces que salían gente que estaba como perdida. La tortura psicológica era aún peor que la picana”. 

Cárcel de Azul y Sierra Chica

Virgilio estuvo desaparecido durante cuatro días en el ex Centro Clandestino de Detención Tortura y Extermino El Pozo de Banfield hasta que finalmente, previo paso por una dependencia de la Policía Federal, fue alojado en la cárcel de Azul. 

Lile, su esposa, recuerda que durante el tiempo que su compañero estuvo desaparecido, a pesar de haber hecho todo tipo de gestiones para encontrarlo, llegó a pensar que no lo vería más. La llegada a la cárcel significó la salida de la clandestinidad, ya que su caso fue puesto a disposición del Poder Ejecutivo Nacional y también el reencuentro con su familia, quizá lo más importante para él.

“Mi señora  se había enterado de que yo estaba en la Cárcel de Azul y fue a verme pero no le permitieron  entrar, pero si pudo dejar una bolsa de frutas. Cuando me abrieron la puerta del calabozo y me dijeron que la visita me había dejado la bolsa la emoción fue muy fuerte, yo lloraba y agradecía estar vivo, fue maravilloso. Esa fue la primera visita sin presencia”, recordó Virgilio Medina.

La cárcel fue muy dura, luego de un tiempo en Azul fue trasladado al Penal de Sierra Chica y las condiciones se endurecieron aún más, su familia, como siempre, fue el puntal para poder sobrellevar la detención hasta que salió en libertad en julio de 1980. 

Fue la cárcel la que  forjó a Virgilio como escritor, ante la necesidad de expresarse y comunicarse durante su cautiverio, la escritura  tomó una dimensión esencial en su vida. 

Extracto poema “Dicen”

Para sobrevivirme

devoré cada libro y toda la poesía

que hallé en la Biblioteca del Penal

y escribí mi dolor y alenté a los míos

para alentarme a mí.

Secuelas de la dictadura

Las huellas que dejaron el secuestro, la desaparición y el posterior encarcelamiento, son muy profundas en Virgilio y su familia. Nunca nada volvió a ser igual, las heridas son muy fuertes y nadie de la familia volvió a ser el mismo. 

“Todo esto deja una huella muy profunda y el  gran aprendizaje de saber que no hay como la familia, como los seres de uno, que en los momentos más difíciles. Uno tiene que estar sumamente agradecido por eso, también el reconocimiento para gente amiga que a pesar de los duros momentos  se acercaba y se ofrecía para ayudar”, explicó Virgilio.

El Juicio

Virgilio Medina es un testigo aportado por la querella de la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Provincia de Buenos Aires, para él dar testimonio en juicio fue aportar un granito de arena para que toda la verdad salga a la luz y para llegar a la justicia. Es al mismo tiempo un gran alivio en términos personales: “Fue como un exorcismo que me ayudó a sacar pesos de encima”, aclara. Virgilio comprende que le ha hecho muy bien poder declarar y consideró importante que los juicios avancen de manera virtual en función a la situación sanitaria por la pandemia por Covid19 que estamos atravesando.

La historia de este sobreviviente y su familia muestra la doble dimensión que tienen los juicios de lesa humanidad, la de condenar a los responsables de los crímenes del Terrorismo de Estado y la de reparar de manera simbólica a la víctima, su familia y la sociedad toda.  

Virgilio Medina, lee el poema “Dicen”. El sobreviviente de la dictadura y testimoniante en el juicio por los Pozos de Banfield, Quilmes y El infierno, zurce las cicatrices del horror a través de la poesía.

Escucha el poema en este link:  https://open.spotify.com/episode/0KKi6hNm0TTMv26WHgoT2j?si=PAI-8nN3TVa98RP2dp6S-w