Declararon Manuel Ramat, hermano de Raúl Ramat, asesinado durante la dictadura; el testigo Juan Miguel Bougnet, y el familiar Rodolfo Amarilla, hermano de José Ramón Amarilla, secuestrado y desaparecido.

Día 10 del juicio de lesa humanidad
Recordamos que en la audiencia 9 del pasado martes 11 de marzo prestaron testimonio tres testigos pero por pedido de ellos no fueron televisados.
En este juicio se juzgan delitos de lesa humanidad perpetrados por tres represores contra 15 víctimas durante la última dictadura cívico militar, y lo lleva cabo el Tribunal Oral Federal N°1 de San Martín, a cargo del juez Daniel Omar Gutiérrez y de las juezas María Claudia Morgese y Silvina Mayorga
También, recordamos que en este tramo 17° de la Megacausa se investiga los crímenes cometidos en Campo de Mayo – Área 400 y los cargos que se le imputan a los dos militares retirados Pacífico Luis Britos, Horacio Rafael Sánchez y al ex comisario Carlos Daniel Caimi, son por secuestros, torturas, homicidios y abuso sexual perpetrados sobre personas dentro del territorio que funcionó como la Zona 4 de Defensa, que tuvo como cabeza táctica y estratégica a la guarnición militar de Campo de Mayo.
La Subsecretaría de Derechos Humanos de la Provincia es querellante en este juicio y acompaña a los testigos a través de la Dirección de Acompañamiento a Grupos en Situación de Vulnerabilidad.
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En este día 10 prestaron su testimonio Manuel Ramat, hermano de Raúl Ramat, asesinado en la ciudad de Campana durante la dictadura cívico militar; Juan Miguel Bougnet, quien fue víctima de la represión durante la dictadura y ya testimonió en su momento en otra causa de lesa, en esta oportunidad se presentó como testigo, ya que conoció a los hijos de Ana María Barrera, Mariela y David; y por último, Rodolfo Amarilla, quien al igual que Juan Miguel, en esta oportunidad testimonió sobre el caso de su hermano, José Ramón Amarilla, secuestrado en 1977 y aun hoy se encuentra desaparecido.
Raúl Alberto Ramat, “Pucho” o “Rulo”, simpatizaba con la Juventud Peronista pero era un militante católico comprometido, y cuando lo asesinaron las fuerzas represivas el 11 de junio de 1976, trabajaba en la fábrica Techint y sus raptores buscaban el paradero de su hermano Manuel Ramat, militante del peronismo revolucionario y hoy secretario adjunto de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) en Entre Ríos.
De este modo, Manuel empezó relatando cuando asesinaron a su hermano, que vivía en la ciudad de Paraná, que él fue a reconocer el cuerpo a un dependencia del Registro Civil de esa ciudad, que se enteraron que su cuñada estaba detenida y que a los pocos días empezaron a hacer allanamientos en la casa de sus padres llevados a cabo por personal de civil.
“Revolvían y no encontraba nada, y mis padres estaban destrozados. Realmente estaban destrozados a partir del asesinato de mi hermano. Tal es así que yo en el término de 10 años, nosotros éramos tres hermanos y mis dos padres, y ellos se dejaron morir, por el dolor que causó semejante atrocidad. En el término de 10 o 15 años, yo quedé solo…y a los 20 días pude encontrarme recién con mi cuñada, creo que ella hizo un relato pormenorizado de todo el calvario que le tocó soportar, inclusive la agresión a culatazos de personal vestido de militar, siendo que era evidente su embarazo”, expresó conmovido Manuel.
Luego relató que cuando terminó el cautiverio, que fue hasta el 16 de junio en una comisaría de Campana, le habían ordenado que “se olvidara de lo que había visto”.
Finalmente, con respecto a cómo se había trasladado el cuerpo de su hermano desde Campana a Paraná, Manuel dijo que suponía que había intervenido el padre de su cuñada, Fernando de la Rosa porque tenía vínculos o un pariente en la Fuerza Aérea; y que su hermano le habían comentado que el jefe de personal de Techint, de apellido Nicolini, era de los servicios de inteligencia, porque tenía vínculos con todas las fuerzas y por los comportamientos en la empresa.
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El segundo testimonio fue de Juan Miguel Bougnet, y narró los hechos a partir de los cuales conoció a los hijos de Ana María Barrera.
“Conmigo había hablado un muchacho que había hecho el servicio militar en el área 400, aquí en la ciudad de Campana, lo que era la fábrica de Tolueno. Y este eh muchacho, que en aquel tiempo estaba haciendo el servicio militar, lo habían traído de otra provincia a hacer guardia. Entonces me contó que había visto que ingresaron en un vehículo a esta señora, que él conocía porque él era del mismo barrio, el barrio Lubo de Campana. Entonces me preguntó si yo conocía a los hijos y le dije que sí, que conocí a los dos y también al marido. Entonces me propuso si yo les podía decir que él sabía lo que había pasado con la mamá, que la había visto, que la había reconocido esa noche, y que quería decirles los que sabía. Por lo cual fui a verlos y ellos tenían un dolor muy grande, un sufrimiento de muchos años porque ya desde chico extrañaban a la madre. Y la habían hecho publicaciones en los medios locales con la foto de la de la mamá y entonces le transmití esto del ex soldado que se llamaba José Acosta”, dijo sobre lo sucedido en ese momento.
Y finalmente, en relación a la zona aledaña a la fábrica de Tolueno, sobre si vio cuerpos en distintas circunstancias, cuerpos que aparecían en los campos, dijo que “sí, me han contado muchas cosas, se sabe abajo en la sociedad, en cualquier comunidad, se sabe mucho más de lo que por ahí puede saber la justicia. Porque esto corre de voz en voz, entre la gente, y se saben muchas cosas que yo supongo que no se juzgan nunca. Y hay juicios para este tipo de situaciones, porque además hay mucha gente que ha visto cosas y no ha ido a denunciar jamás inclusive algunos que han sido hasta familiares, por miedo, porque bueno, la dictadura militar generó todo un terror en la sociedad, que hay gente que no va a ir a declarar nunca porque está aterrorizada de por vida. Se van a morir y nunca van a abrir la boca para decir nada; tienen miedo, quedaron marcados para toda la vida. Yo lo hablo porque bueno, a mí ya me secuestraron, me torturaron, me tuvieron más de 8 años detenido, uno ya como que tiene el cuero más duro”.
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Por último, fue Rodolfo Amarilla quien prestó testimonio. Rodolfo junto con su hermano José Ramón Amarilla fueron privados de su libertad en la noche del 6 de octubre de 1976 por un grupo de personas fuertemente armadas, que violentó el domicilio ubicado en la calle Dominici y Castilla de la ciudad de Campana, y luego de revolver todo y retener en uno de los cuartos a la esposa de José Ramón Amarilla, María Luisina Cavalier, los perpetradores les vendaron los ojos a las víctimas y las subieron en un automóvil trasladándolas a la Comisaría de Campana, donde fueron alojados en condiciones inhumanas.
Pocas horas después del secuestro se supo que José Ramón fue trasladado hasta la localidad de Open Door, camino a Luján, luego asesinado y desaparecido.
La próxima audiencia quedó fijada para el 8 de abril a las 9.30 hs.