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“Patulo era muy empático con los pobres y se comprometió como muchos de su generación en esa lucha”

Así describió a Ricardo Arturo Rave, secuestrado y asesinado salvajemente por la CNU platense uno de sus hermanos menores, Gerardo Miguel Rave, en la sexta audiencia del Juicio CNU II que tuvo lugar esta semana y comenzó con un pormenorizado testimonio de contexto del periodista Daniel Cecchini.

Por Gabriela Calotti

Ricardo Rave, conocido como “Patulo” entre la militancia juvenil de aquellos años había ido al Sagrado Corazón y a la Virgen del Pilar, donde “conoció a un cura que lo guió y a través de él empezó en la militancia barrial”, dijo el lunes ante el Tribunal Oral Federal Nº1 de La Plata conectado vía zoom desde Mar del Plata, uno de sus hermanos menores, Gerardo Miguel Rave, que comenzó su testimonio mostrando una fotografía de la familia Rave en pleno, los padres y sus nueve hijos.

El propio Miguel fue secuestrado 24 horas cuando tenía 11 años e iba a la escuela primaria en 13 y 42 de La Plata, relato que detalló durante su declaración, para describir el clima de hostigamiento y persecución que vivía la familia en aquellos años 70 por parte de diferentes fuerzas de seguridad y en particular por la banda paraestatal armada de ultraderecha peronista conocida como Concentración Nacional Universitaria (CNU), tres de cuyos miembros activos están siendo juzgados desde el 23 de febrero pasado.

Se trata de Carlos Ernesto “El Indio” Castillo, Juan José “Pipi” Pomares y Antonio Agustín “Tony” Jesús. Ninguno de los tres estuvo presente en la audiencia. Los dos primeros están detenidos en la UP Nº34 de Campo de Mayo y el tercero cumple domiciliaria por asuntos de salud en Villa Elisa.

Al recordar cómo era y qué hacía su hermano con el que compartía habitación justo la noche de su secuestro, Miguel contó que “Patulo se había inscripto en la Técnica Nº1 de Berisso porque quería formarse como tornero”, además de militar en la UES (ndlr: Unión de Estudiantes Secundarios). “Era un joven que tenía actividad social y era muy empático con todos los que eran los pobres, y se comprometió como muchos de su generación en esa lucha”, aseguró Miguel ante el Tribunal sin poder evitar el llanto.

“Vivíamos en la calle 8 número 542 de La Plata. Ahí llegamos en el año 59. Mis hermanos eran militantes”, contó Miguel antes de precisar la composición familiar con cuya declaración comenzó la etapa testimonial de este juicio por delitos de lesa humanidad perpetrados en La Plata por la CNU antes del golpe de Estado.

La familia Rave estaba formada por María Juana “Marucha” Rivas de Rave, secretaria de escuela, a quien definió como una “cristiana revolucionaria” y de Luis Homero Rave, subgerente de una empresa de gaseosas. Habían tenido nueve hijos: Luis, era delegado de Propulsora Siderúrgica, Gustavo, era de la Juventud Universitaria Peronista (JUP) y fue delegado del Ministerio de Obras Públicas; Carlos Marcelo, militante de la JUP y activo de Bellas Artes y Psicología, y Guillermo era miembro de la JUP. Patulo y Federico del Corazón de Jesús eran miembros de la UES y fanáticos de Gimnasia y Esgrima de La Plata, explicó Miguel. Cuando Patulo fue secuestrado, las hermanas menores, Mariana y Verónica, tenían 12 y 10 años de edad respectivamente. Miguel tenía 11 años. Federico tenía 16 años.

“Era una vida normal hasta que en el 71 ocurrió el primer hecho con Luis Homero que fue detenido en una manifestación”. Luis paso a figurar en la DIPPBA (ndlr: Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires), ya figuraba que había sido detenido”.

Y continuó: “a medida que avanzaban los años, en el 74 Luis fue detenido en el velorio del que fuera diputado (Rodolfo) Ortega Peña, un gran intelectual que fue asesinado por la Triple A. En agosto del 74 en ese velorio a Luis lo detiene la Policía Federal y luego lo pasan a La Plata”, contó frente a la jueza María Gabriela López Iñiguez, presente en la sala, mientras los otros dos jueces, Jorge Gorini y Fernando Minguillón siguieron la audiencia de forma virtual.

Por las querellas asistieron de forma presencial los letrados Verónica Bogliano y Luisina Gallo, por la subsecretaría de Derechos Humanos bonaerense, Guadalupe Godoy por la Liga Argentina de Derechos Humanos y Pía Garralda por el colectivo Justicia Ya. De forma virtual estuvo el letrado Pablo Lonto, como querella particular de las familias Rave y Urrera. Los letrados Ana Oberlin y Juan Martin Nogueira asistieron como fiscales auxiliares por el Ministerio Público Fiscal (MPF).

En este juicio se abordan sólo 13 casos, de las cuales nueve de las víctimas fueron secuestradas, torturadas y asesinadas por la CNU al cabo de allanamientos sumamente violentos en zonas liberadas de los que participaron los tres imputados. A la CNU se le atribuyen más de 70 asesinatos en La Plata y sus alrededores.

Las víctimas eran estudiantes con militancia política y/o actividad gremial en sus trabajos: Jorge Rosendo Ruda, Ricardo Arturo Rave, Alcides Emilio Méndez Paz, Daniel Rayson Midon, Carlos Alberto Sathicq, Horacio Salvador Urrera, Leonardo Miceli, Graciela Herminia Martini, y Néstor Hugo Dinotto. Las otras víctimas secuestradas y sometidas a tormentos son Walter Fabián Martini, Elia Zanata, Daniel Pastorino y Adelaida Ursula Barón.

“En el 75 se pone todo más violento. A mi cuñada Silvia la detienen embarazada y su beba nace en la cárcel”, explicó Miguel Rave. Guillermo es detenido en un operativo en Mendoza. Volvería a ser detenido tiempo después. Permanece desaparecido.

En julio de ese año Luis es detenido por la Policía bonaerense y encarcelado en la Unidad 9 durante dos meses. Gustavo vivía en Rosario pero cada tanto venía a la casa familiar.

Miguel, secuestrado camino a la escuela primaria

“El 4 de agosto yo iba a la escuela de 13 y 42, cuando en la esquina de 9 y 42 siento una frenada de un auto, baja una persona corpulenta, me reducen, me meten en un auto, me atan de manos y pies. Estuve mucho tiempo hasta que frenan. Yo estaba aterrorizado, no podía ni hablar. Intentan hacerme un interrogatorio, pero debido a cómo estaba yo me dejan atado de pies y manos a una silla. Me tratan de apaciguar, y me preguntan sobre mis cuatro hermanos mayores”, relató al Tribunal sin evitar emocionarse.

Miguel permaneció secuestrado durante 24 horas. “Ellos buscaban información que yo no tenía. No lo sabía. Era muy chico, muy inocente”, enfatizó.

“Después de un segundo intento de Interrogatorio me intentaron dar agua y comida. Yo no podía comer nada. Me acuerdo que vomitaba, no dormí. Al otro día (…) me dejaron en un lugar. Después empecé a hacer dedo y logré que una persona mayor en un rastrojero me levantara y me llevara a mi casa”, recordó. “El tipo me acercó hasta 8 y 42, a media cuadra. Corrí como nunca en mi vida. Me dieron de comer y dormí un día y medio”, contó.

Después la vivienda familiar fue blanco de dos atentados con bombas. Una pudo ser desactivada por un vecino que era policía pero la otra destruyó la entrada de la casa, por agosto de 1975.

Recordó que e septiembre detuvieron a su primo en Córdoba. Al año siguiente lo sacaron y lo fusilaron. En noviembre de 1975 Guillermo fue detenido por el Ejército en San Juan. Su tío y su padre logran blanquearlo.

“Las ausencias demoledoras”

“Patulo fue a nuestra casa porque al otro día se iba con su novia María José Noriega a la costa”. Recordó que Marcelo le había advertido a Marucha que era mejor que “los chicos no estuvieran en casa” en esa época.

Pero esa madrugada del 23 al 24 de diciembre de 1975 la patota de la CNU comandanda por Castillo según reconoció la familia luego, “a las 2 de la mañana rompen la puerta  3 o 4 personas. Yo dormía con Patulo en la última habitación”, contó. “Nos llevan al patio y nos ponen boca abajo con las manos en la nuca”, recordó Miguel.

“Redujeron a toda la familia. Pasó tan rápido que recuerdo estar boca abajo mirando botas y gente con fajina”, agregó. “Esa misma noche, luego de estar horas con esa gente que rompía todo, robaba e insultaba, en un momento a Queque (Federico) y a Patulo les empiezan a pegar patadas porque osaron levantar la vista”, aseguró. Luego de que “mi viejo les dice ‘no le peguen que son criaturas”, a Patulo “le ordenan que se vaya a vestir y que agarre los documentos”.

“Estábamos aterrorizados. No podíamos parar de temblar”, recordó, antes de contar que “al tercer día, nos levantamos y mi viejo recibe un llamado que lo citan a la jefatura de Policía y tiene que ver el cuerpo de Patulo. Lo habían matado. Lo habían destrozado”, sostuvo rompiendo en llanto.

“Fue un golpe anímico y espiritual tremendo (…) Ese 25 de diciembre de 1975 (…) mi viejo lloraba como un bebé. Mi viejo medía 1,80 o 1,90 y pesaba ciento y pico de kilos. Lloraba como un chico”, afirmó antes de explicar que al día siguiente se fueron de esa casa durante tres meses. Luego vinieron mudanzas a Berazategui, Santa Teresita y Florencio Varela.

“Recuerdo que en Santa Teresita de noche nos despertábamos llorando. Así fue nuestra vida. Las ausencias fueron demoledoras”, aseguró durante su difícil testimonio.

En agosto siguiente les avisan que habían matado a Marcelo, que permanece desaparecido. Gustavo también fue asesinado. Recuperaron sus restos en 2010 gracias a la Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). Luis se exilió en Brasil. Guillermo fue detenido y trasladado de una cárcel a otra: Sierra Chica, Devoto y Rawson. “Ibamos a visitarlo a las cárceles”,

Fue en Rawson cuando con otras 20 o 30 personas “hicimos una reunión en una plaza y empezamos a militar en Familiares de Detenidos por Razones Políticas.

Al mencionar lo que la CNU hizo con su hermano Patulo recordó que su mamá contaba que “lo encuentran ahorcado en el Puente de Fierro. No tenía la misma ropa, se la cambiaron”.

Tiempo después la familia se afincó en Mar del Plata. Marucha Rivas de Rave fue integrante de la Asociación Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Falleció el 13 de agosto de 2024.

¿Con los años pudiste saber algo de la CNU?, le preguntó el doctor Llonto. “Más que nada a través de Marcelo. Cuando era chico siempre hablaba de ellos, del CNU como algo opuesto a la militancia de mis hermanos”, respondió Miguel Rave.

¿Qué consecuencias les provocó todo lo ocurrido?, abundó el letrado. “Lo que género primero fue autocensura. Nosotros vivimos hasta el 83 así. Recuerdo haber hablado con un amigo por primera vez, después de una borrachera. Empezábamos a contar algo y la gente no soportaba. Mucha censura, mucha carga emocional que no podíamos liberar”.

“Por suerte Marucha tuvo hasta bisnietos. A pesar de que mataron a Patulo. A Marcelo, a Gustavo, a mi primo, hubo 20 sobrinos y tambien sobrinos bisnietos”, aseguró.

“A pesar de que nos quisieron exterminar. Fuimos catalogados de subersivos, terroristas” pero “por suerte podemos declarar ahora y esperamos que se haga justicia, a pesar del tiempo. No sé si el tiempo repara todo lo que ocurrió. Pero por lo menos con Patulo”, concuyó Miguel Rave.

Daniel Cecchini: “Nadie desmintió públicamente nada de lo que decíamos”

Periodista desde hace 46 años en medios argentinos y extranjeros, Daniel Cecchini fue director del semanario Miradas al Sur. En junio de 2011 y al cabo de un primer año de investigaciones publicaron el primer artículo sobre el accionar de la CNU en La Plata. Pubicaron el último artículo en diciembre de 2015. La investigación les llevó 6 o 7 años, dijo Cecchini ante el TOF Nº1 donde declaró el lunes también como primer testigo de contexto.

Al cabo de esos años, Cecchini y su compañero de investigación periodística Alberto Elizalde Leal dedicieron recopilar los artículos en un libro que titularon

“CNU: el terrorismo de Estado antes del Golpe”, que cuenta con dos ediciones,  en 2013 y 2016.

¿En algún momento de la publicación de las notas y del libro (…) tuvieron alguna petición de desmentida, carta documento o juicio iniciado por algunas de las personas que nombraron en la conformación de la CNU?, le preguntó el abogado querellante Pablo Llonto.

“No, en ninguna ocasión”, sostuvo sin dudar el testigo. “Fue muy llamativo porque esperábamos eso”. En cambio “sí hubo algunas presiones políticas para que dejáramos de lado la investigación, pero eso pasa siempre. Nadie mandó carta documento ni desmintió públicamente nada de lo que decíamos”, reafirmó Cecchini, quien también realizó investigaciones periodísticas sobre la venta de papel prensa durante la dictadura, las privatizaciones fraudulentas de los años 90 y sobre los vuelos de la muerte.

Cecchini y Elizalde Leal son oriundos de La Plata. En su caso fue a la escuela primaria Anexa, al Colegio Nacional y a la facultad en la UNLP. “Cuando ocurrieron estas cosas estaba terminando el secundario y empezaba la facultad. La ciudad era mucho más chica y nos conocíamos bastante todos”, sostuvo.

Decidieron investigar el accionar de la Concentración Nacional Universitaria (CNU) por su origen platense y porque “nos dimos cuenta de que prácticamente no había periodísticamente ni avance de causas judiciales sobre el tema”, explicó.

Al referirse estrictamente a la forma en que llevaron adelante la investigación, precisó que “trabajamos con fuentes direcas e indirectas, hemeroteca, conseguimos documentos, causas judiciales y entrevistamos a la mayor parte posible de testigos entre familiares de víctimas, algunos de los pocos sobrevivientes que tuvo el accionar de la CNU, porque en general mataban el mismo día que secuestraban, y confrontábamos los datos. También tuvimos fuentes de adentro de la organización. Ex miembros de la organización”, subrayó, antes de indicar que en todo momento “confrontaban al menos dos fuentes”.

“La investigación fue difícil porque nos costaba conseguir confirmaciones de algunos datos. Cuando empezamos a publicar, en junio de 2011 se produjo un fenómeno bastante interesante: cuando publicamos la primera nota, que coincidió con la detención del “Indio” Castillo en otra causa, relatamos 3 o 4 crímenes perpetrados por la CNU como banda parapolicial, y a partir de esa publicación empezamos a recibir gente que se comunicaba con nosotros, familiares de víctimas, gente cercana al entorno de la CNU, que querían hablar. Incluso alguna víctima que querían relatarnos lo que había pasado”, detalló.

“Una cosa más sobre los testimonios orales. Uno sabe que toda fuente tiene un interés. Entonces, esto de cruzar los datos con dos fuentes diferentes y antagónicas, si se quiere, tiene que ver con comprobar que no nos están diciendo algo que diéramos por cierto si era falsa”, aclaró.

De las fuentes del interior de la CNU con la que pudieron tomar contacto y recabar información, Cecchini mencionó a Alfredo Lozano, alias “Boxer” que pertenencía al grupo de tareas de la banda paraestatal. Luego, durante el desarrollo de su declaración que duró casi dos horas, puntualizó que de aquellas entrevistas con ese integrante de la CNU le queda un cd grabado y mini-cassettes.

La auxiliar fiscal Ana Oberlín le solicitó que entregue ese material para sumarlo a las pruebas de la causa.

Antes de referirse a los casos concretos de Ricardo Arturo Rave y de Horacio Salvador Urrera, el testigo describió el origen de la CNU, su composición, su funcionamiento y sus vínculos con la Policía bonaerense y con el Ejército.

“La CNU es una banda parapolicial funcional al terrorismo de Estado previo al golpe e incluso en dos meses posteriores al golpe. Pero surgió por inspiración de un helenista de La Plata, Carlos Disandro, que tenía una serie de ideas sobre el mundo. Era fundamentalmente antisemita, anticomunista, anti-occidental pues consideraba que la sociedad se estaba degradando. Consideraba que había una vacancia al frente de la Iglesia católica porque entendía que el Papa Juan XXIII era comunista. Y estaba relacionado con Puerta de Hierro y Perón. A principios de los años 60 Perón lo nombró delegado de la juventud”, explicó.

Originalmente se trataba de un “grupo de estudios donde Disandro bajaba línea a estudiantes secundarios entre los que se encontraba Patricio Fernández Rivero que después fue líder de la CNU. Después empiezan a actuar en la Universidad como grupo de choque en Mar del Plata y en La Plata”, puntualizó.

Cecchini recordó que la presentación “en sociedad” de la CNU fue en diciembre de 1971 en Mar del Plata durante un acto en presencia de José Ignacio Rucci, dirigente de la poderosa Unión Obrera Metalúrgica (UOM) y exponente de la ortodoxia sindical y la ultraderecha peronista.

Al convertirse en “grupo de choque” la CNU entraba a los tiros en algunas facultades en Mar del Plata y La Plata, donde además rompían asambleas armados. “Agarraban a militantes de izquierda o de la Tendencia peronista en la calle y los golpeaban”, contó.

Para Cecchini el punto de inflexión se produce en enero de 1974 con la salida de Oscar Bidegain de la gobernación de la provincia de Buenos Aires a pedido de Juan Domingo Perón luego del intento de copamiento del Regimiento de Azul. Entonces asume el sindicalista de ultraderecha Victorio Calabró, hasta entonces vicegobernador.

“A partir de ese momento, la CNU se transforma en una suerte de brazo armado ilegal como grupo parapolicial al servicio del gobernador Calabró y de su propio servicio que actúa en zonas liberadas por la policía provincial y en contacto con ésta”, precisó.

Tras la firma de los dos decretos de “aniquilamiento de la subversión” por parte del gobierno de Isabel Martínez de Perón, “la CNU comenzó a operar de forma coordinada con el Ejército, con el Batallón 601 y en La Plata con el Regimiento VII de Infantería que en ese momento estaba a cargo del coronel Roque Carlos Presti, padre del actual ministro de Defensa” del gobierno de Javier Milei, dijo.

Respecto del modus operandi de la CNU indicó que “en general operaban de noche en la mayoría de los casos. Irrumpían en las casas, secuestraban a las personas y las mataban esa misma noche. A veces con un escala para torturarlos en un lugar que tenían y luego los mataban. Su política era fusilarlos y arrojar los cuerpos fuera de la ciudad de La Plata, acribillar los cuerpos con muchas balas y a veces, después los volaban con explosivos. Los dejaban en el camino que iba de Villa Elisa a Punta Lara, el camino a Magdalena, el camino a Brandsen, la zona de Poblet, pero siempre en lugares donde fueran rápidamente hallados porque la idea, era, a través de esos cadáveres, provocar terror en la población, especialmente entre los militantes políticos”, sostuvo.

Indicó que en la primera etapa como banda parapolicial en los primeros meses de 1974 la CNU hizo “varias operaciones conjuntas con el grupo de Aníbal Gordon en la Triple A que nosotros de alguna manera llamamos ‘curso de capacitación para el asesinato’ porque algunos de ellos venían de un grupo de choque pero no tenían experiencia necesaria para el secuestro y asesinato”.

Pero además de sembrar la violencia política en La Plata, eran una patota de ladrones y saqueadores. Cecchini comentó que las investigaciones les permitieron determinar que robaban camiones frigoríficos “para hacer asados”, camiones que llevaban autos Peugeot 504 y de las casas donde secuestraban a sus blancos, se llevaban joyas, dinero y hasta electrodomésticos. O incluso una máquina de escribir como la de Carlos Antonio Domínguez, secretario general del gremio del Turf, asesinado por la CNU. Esa máquina fue hallada durante un allanamiento en dos lugares de encuentro de la CNU: una quinta en 7 entre 75 y 76 que alquilaba Castillo y una “casa operativa” en 63 y diagonal 113 que pertenecía a las facultades de Veterinaria y Agronomía pero que entonces no se vía desde la calle por la vegetación y las calles de tierra.

El 29 de abril de 1976 el Ejército decidió poner fin a las operaciones de la patota de la CNU. Les tendieron una trampa y los detuvieron. Los llevaron durante algunos meses en la U9 de La Plata. Cecchini precisó que en ese operativo “el Ejército captura a entre 12 y 15 miembros” de la CNU por delitos comunes.

Interrogado acerca de si algunos de los hechos en los que intervino la CNU fueron “enfrentamientos” con grupos armados guerrilleros, Cecchini lo negó enfáticamente.

“No. Ninguna de las personas secuestradas por la CNU eran militantes de organizaciones armadas. Sabían perfectamente que nos los iban a recibir a los tiros cuando iban a secuestrar”, respondió antes de ejemplificar el funcionamiento de las llamadas “zonas liberadas” protegidas por la Policía fue el caso del brutal asesinato del médico Mario Gershanik en la calle 50 a dos cuadras de la Jefatura de Policía bonaerense.

La patota de la CNU se reunió “en la esquina de la Jefatura de policía. Rompen a hachazos la puerta de la casa, entran, intentan llevárselo y como Gershanik era un hombre bastante fuerte y empezó a gritarles ‘mátenme acá, mátenme acá’. Lo mataron y dejaron viva a su mujer y al hijo. Uno de la patota dijo ‘no maten a esta judía de mierda que de esto se va a acordar toda su vida’. En esa hora que duró el operativo con la calle cortada no hubo ninguna acción de la policía cuya Jefatura estaba a una cuadra. Se escucharon los gritos y se escucharon los tiros…. Esto da una idea de la impunidad con que operaba la banda de la Concentración Nacional Universitaria”, relató Cecchini.

Luego fue interrogado sobre los secuestros y asesinatos de Arturo Rave y de Horacio Salvador Urrera.

Para completar lo ya dicho por el hermano de Rave en el testimonio citado más arriba, Cecchini dijo que “algunos de los secuestradores estaban vestidos como militares y otros de civil. Llegaron en varios autos y previamente habían realizado otro secuestro” el de una estudiante del Museo de La Plata que en las notas la identificábamos como VR”.

“La secuestraron en la casa de sus padres y la llevaron en uno de los autos cuando fueron a hacer el operativo a la casa de Rave. Por alguna razón, después de una llamada que hace uno de los integrantes de la patota desde un teléfono público., a esta persona no la matan sino que la dejan en la calle. Antes le dicen “en el auto de adelante llevamos a Patulo Rave. Leé los diarios mañana porque eso es lo que te iba a pasar a vos. Hoy puedo nombrarla porque ya declaró, es Viviana Reisig”. Coincide su declaración del juicio anterior con lo que nos contó a nosotros.

Según Cecchini, “la familia Rave era una suerte de obsesión para la CNU porque algunos de ellos, los hermanos mayores de Patulo y miembros de la patota, se conocían desde muy jóvenes y habían terminado en sectores opuestos del peronismo”.

¿Usted recuerda cómo titularon ustedes el artículo publicado sobre la familia Rave?, preguntó Llonto. “A Patulo lo hicimos nosotros”, respondió.

¿Por qué lo titularon así?, le preguntó. “Porque eso les dijo un integrante de la CNU a una fuente nuestra”, respondió Cecchini.

Explicó que la reconstrucción sobre la irrupción de la patota de la CNU en la casa de los Rave, el testigo indicó que la hizo en base a declaraciones de los hermanos menores de Patulo, de su madre y de uno de los hermanos mayores.

Para esta investigación Cecchini y Elizalde Leal también consultaron documentos, periódicos y diarios de la época, en particular los diarios platenses El Día y Gaceta. “Ni el diario El Día ni La Gaceta le otorgaban la autoría a la CNU” de los asesinatos que se registraban en La Plata a partir de 1974.

Respecto de Urrera, el testigo consideró que su secuestro se produjo en una “especie de tren de terror pues en una misma noche secuestran también a Carlos Sathicq y a Leonardo Miceli”.

“Urrera era delegado gremial, simpatizaba con la izquierda peronista pero no militaba en ninguna organización. Trabajaba en una repartición pública en la provincia de Buenos Aires porque en el primer lugar había gente de la CNU que lo tenía amenazado constantemente. Se va al Registro de la Propiedad. Lo vuelven a amenazar. El le dice a su hermano Mario ‘si a mi me pasa algo va a ser la CNU, el Indio Castillo, el Pipi Pomares…’”.

“Entran a la casa, se lo llevan de noche y después aparecen los tres acribillados en Sarandí en un Arroyo. Lo de Sarandí es interesante porque era otra zona, donde la CNU o atacaba gente o fusilaba y sembraba cadáveres. Era bastante llamativo porque queda lejos. Supongo que habría algún arreglo con la policía del lugar”, consideró Cecchini.

La investigación, los testimonios de sobrevivientes y familiares permitieron determinar que los integrantes de la CNU trabajaban en determinadas áreas del Estado bonaerense. Cecchini lo confirmó en su testimonio.

“Ellos estaban con contratos en el ministerio de Economía, en el Registro de la Propiedad, en Hipódromo de La Plata, en el ministerio de Obras Públicas y un caso muy particular, a partir de la intervención de la Universidad Nacional de La Plata, en octubre/noviembre de 1974, al año siguiente aparecieron miembros de la CNU como preceptores tanto en el Colegio Nacional como en el Liceo Víctor Mercante”, precisó el testigo según el cual llegaron a esos colegios gracias a un profesor del Nacional llamado Miguel Angel Maldonado. “Los dos colegios tienen alumnos asesinados por la CNU”, sostuvo.

Entre los preceptores que recordó en esos dos colegios mencionó al “Chino” Causa y operativo de la banda, Ricardo “Richi” Walsh, también fue preceptora la pareja del indio Castillo en el Liceo. En el Nacional fue Fernández Supera.

“En cuanto a los integrantes de la banda se puede reconstruir bastante bien: Carlos Ernesto Castillo alias “el Indio” como jefe militar, estoy hablando desde el 74. Juan José Pomares, alias “Pipi”; Ricardo Calvo, alias “Richard”, Antonio Agustín Jesús, alias “Tony”; Jacek Piechoki , alias ‘el polaco’ o ‘el alemán’; Feinho Mazota, los policías Lozano, Alvarez y Quinteros, Pucho Sánchez…También mencionó a uno que le decían “El lobo”, al Chalo” Urrasa, a Gomila, A Patricio Errecarte Pueyrredón y al “Sordo” Arana. Y puntualizó que el oficial Julio Garachico, condenado a perpetua en otra causa, era el nexo con la Policía para las zonas liberadas.

Ana Oberlín, auxiliar fiscal, le consultó por las armas que utilizaban los integrantes operativos de la CNU. “Los policías tenían sus propias armas”, respondió y agregó: “tenían un arsenal en dos lugares. Uno en una quinta de la calle 7, entre 74 y 75 o 75 y 76, una quinta que había alquilado el Indio Castillo y tenían armas en lo que era la casa del cuidador de la facultad de Agronomía en 63 y diagonal 113 que era el padre del Indio Castillo”.

“Todas esas armas están numeradas en la causa por la cual los detuvieron pues se hicieron allanamientos en la quinta que había alquilado El Indio y en la Casa operativa. Esas armas están consignadas”, precisó.

Consultado por la Fiscalía confirmó que se conocía de un “infiltrado en la CNU”. Se trataba de Enrique Rodríguez Rossi, miembro de una “notoria familia de La Plata con fuertes vinculaciones con la Iglesia católica local, en particular el arzobispado y de una familia bastante reaccionaria. El militaba en las Fuerzas Argentinas de Liberación 22 de agosto pero nadie lo sabía. De hecho, los que estábamos en la universidad en aquel momento lo teníamos como un facho, un miembro de la patota de la CNU”.

“Merced a esos contactos con algunos miembros ultracatólicos de la CNU logra infiltrarse y pasa información sobre la banda, tanto sobre sus miembros y como sobre sus acciones” pero como “se negaba sistemáticamente a matar, eso lo puso bajo sospecha de la CNU”. Una noche, la banda paraestatal lo secuestra y lo mata.

Interrogado por la abogada Guadalupe Godoy, Cecchini precisó que el vínculo entre la UOM de Calabró y la CNU se produce a través de un tal Dieguez, burócrata sindical de la UOM platense. En aquel entonces Propulsora “tenía una comisión interna muy combativa opuesta a la burocracia sindical” y ello deriva en el secuestro y asesinado de delegados como (Salvador) Delaturi o (Carlos) Scafide pues “molestaban mucho a la dirigencia de la UOM).

Cecchini admitió que durante sus investigaciones no les dio tiempo para profundizar sobre la denominada “Masacre del PST”. “En realidad es una deuda que tenemos. En ese momento podríamos haber avanzado pero elegimos otros casos. Eramos dos personas investigando, mas tiempo en hemeroteca y además había que sacar el diario”, respondió.

La denominada “Masacre de La Plata” tuvo lugar el 4 de septiembre de 1975 cuando cinco militantes del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) se dirigían a la Petroquímica Sudamericana a llevar dinero recaudado para los trabajadores en huelga. Pero nunca llegaron, fueron interceptados por el grupo armado paraestatal y sus cuerpos aparecieron en el camino a La Balandra (Berisso), donde la CNU, brazo universitario de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) solían dejar los cuerpos acribillados de sus víctimas. Los cinco militantes asesinados son Roberto Loscertales, Adriana Zaldúa, Ana María Guzner, Lidia Cristina Agostini y Hugo Frigerio. Luego otros tres militantes del PST fueron secuestrados al día siguiente y asesinados: se trata de Oscar Lucatti, Carlos Povedano y Patricia Claverie.

La próxima audiencia está prevista para el miércoles 29 de abril a las 8.30 hs. A la primera audiencia de testimoniales asistieron estudiantes secundarios que participan del Programa “Escuelas con Memoria”, de la Subsecretaría de Derechos Humanos PBA.

“Escuelas con Memoria” y la iniciativa “Yo fui a los juicios con mi profe”, promueven la participación de estudiantes y docentes en juicios de lesa humanidad. Busca formar en memoria y democracia, articulando con el sistema educativo.

Las audiencias de este segundo juicio contra la CNU platense, serán mixtas, es decir presenciales y virtuales. Son transmitidas en directo por los canales de Youtube del Poder Judicial (https://www.youtube.com/@pjn-videoconferencias); por la página web del Centro de Información Judicial (CIJ) (www.cij.gob.ar) ; y por el canal de Youtube de La Retaguardia TV, único medio de comunicación que desde hace años transmite en directo juicios por delitos de lesa humanidad (https://www.youtube.com/user/laretaguardia).