Lo dijo Carlos Rivarola este viernes 21 de febrero en el juicio que tiene como acusados a Julio César Leston, Ernesto Rafael Lynch, José Juan Zyska, Juan Carlos Herrera y Juan Carlos Vázquez Sarmiento.

Audiencia 15 del juicio de lesa humanidad
La Subsecretaría de DDHH es querellante en este juicio es el resultado de la unificación de dos causas: una de ellas aborda 127 casos de víctimas de privación ilegítima de la libertad y aplicación de tormentos, y tres homicidios en el ámbito del circuito represivo de la zona oeste del conurbano bonaerense; y la otra causa por privaciones ilegítimas de la libertad de tres personas.
Los hechos de lesa humanidad que se investigan los lleva a cabo el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N° 5 de San Martín compuesto por la jueza María Claudia Morgese Martin, Silvina Mayorga y Walter Venditti, y se investigan los hechos de lesa humanidad ocurridos en el circuito concentracionario de la Fuerza Aérea, en la zona oeste del Gran Buenos Aires y que comprendía los centros clandestinos de detención Mansión Seré, RIBA (Regional de Inteligencia de Buenos Aires) y los que funcionaron en las Comisarías de Moreno, la primera de Morón y las Brigadas Aéreas I de Palomar y VII de Morón, entre otros.
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Luego de escuchar las exposiciones pertinentes de todas las querrellas en relación al pedido de la defensa de Juan Carlos Vázquez Sarmiento de suspensión del juicio y su sobreseimiento, debido a su fallecimiento reciente el pasado 19 de febrero, se decidió continuar normalmente con el juicio hasta tanto se remita la partida de defunción correspondiente y el no apartamiento de la querella de Pablo Llonto u otra exclusivamente se relacione con la situación de Vázquez Sarmiento.
Se sabe que hubo casos puntuales en que genocidas han fraguado su muerte para escapar de la justicia y esto es lo que amerita, más allá de casos puntuales, esperar a la presentación de dicho certificado.
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De este modo, luego de un cuarto intermedio, comenzó a testimoniar el testigo Carlos Fabián Rivarola ya que el tribunal consideró que no estaba vinculada con la situación de Vázquez Sarmiento.
Carlos Fabián Rivarola tiene 66 años y fue secuestrado en septiembre de 1976, durante la dictadura cívico militar, cuando tenía 16 años y estaba entregando panfletos y haciendo pintadas con otros compañeros de militancia.
Ese día, luego de los interrogatorios y torturas, lo volvieron a llevar al calabozo, donde había otros siete de cada lado y separados por un pasillo de cinco metros, relató Carlos. Y dijo “me dejaron arrodillado al pie de los tres muertos”, y agregó muy conmovido que el momento más doloroso de lo que atravesó en aquel calvario fue “el asesinato de su amigo Gabriel Lázaro Gutiérrez”.
En esa oportunidad contó que lo sacaron de los calabozos, lo subieron a una camioneta y después de un tiempo de andar, uno de los guardias le pidió que se arrodille, “a esa altura pensé que me mataban, y al sacarle la venda de los ojos y había tres cadáveres: “Cantá, mirá lo que le hice a tu amigo, decime lo que quiero saber o terminas igual, recordó que le dijeron mostrándole a su amigo asesinado.
“Estaba descalzo, con un zapato menos, manchado de sangre y con varios impactos de bala”, recordó.
O en otro momento, escuchó que uno le dijo a otro: “Dale máquina. Y siento que me desvisten, me atan con alambres de manos y piernas. Me empezaron a dar picana eléctrica”, agregó el sobreviviente sobre los diferentes episodios de tortura que sufrió en la Fuerza Aérea durante su cautiverio luego de ser trasladado desde la Comisaria de Castelar y la 1° Brigada Aérea de Palomar.
A su vez, también en relación a las secuelas de haber transitado esa experiencia traumática, expreso que sufrió durante mucho tiempo la culpa y el remordimiento: “A mi vieja la paraban por la calle y la increpaban ‘¿por qué tu hijo está vivo y mi hijo sigue desaparecido? No pude hacer vida normal luego de mi liberaciónón. Todo quedóó asociado a este gran problema. Cuando llega septiembre, son momentos de revolver el pasado, cosas que pasaron hace mucho tiempo pero todavía me afectan. Lo que vivíí es algo que aún me persigue, me genera angustia. A veces me pregunto porque no me mataron. Los militares no me robaron solo el año que estuve preso, me quitaron mucho más: mi juventud, los amigos, mi vida posterior. No pude volver a ser la persona que era”.
La próxima audiencia quedó programada para el martes 11 de marzo.