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“Esto no es para mí, es para la democracia que tanto nos costó conseguir y que tenemos que defender en estos momentos”

Lo dijo Manuel Goncalvez Granada, único sobreviviente de la Masacre de la calle Juan B. Justo de San Nicolás ocurrida el 18 de noviembre de 1976. También declaró es testigo Arturo Carlos Gandolla.

Audiencia 26 del juicio de lesa humanidad

La Subsecretaría de Derechos Humnos de la Provincia es querellante en esta causa que declaró Manuel Goncalvez Granada, en la audiencia 26 llevada a cabo este martes 11 de marzo por el el Tribunal Oral Federal N°2 de Rosario. 

Manuel es hijo de  Ana María del Carmen Granada y Gastón Roberto José Moncalvez, nieto recuperado, secretario de Abuelas De Plaza De Mayo y miembro de la Conadi.

“A los 20 años me enteré de que mi papá había sido secuestrado el 24 de marzo de 1976 y desde ese momento desapercido, y que mi mamá, no sabiendo el paradero de mi papá, empezó un derrotero en el que sólo pudo pasar por la casa de mi abuela Matilde, su suegra, la mamá de mi papá, para decirle que no tenía noticias de Gastón y tratar de tranquilizarla, y avisarle que por un tiempo no iba a tener contacto con ellos. A los pocos minutos que se despiden, rompieron la puerta de la casa un grupo de hombres buscando a mi mamá. Se llevaron a mi abuela, la encapucharon, la metieron en un auto y la llevaron a un lugar, la ataron a una silla y le pegaron. Mi abuela no tenía información, estuvo un día completo en ese lugar y le dijeron que se vaya a su casa, y cuando salió, se dio cuenta de que estaba en la comisaría de su barrio”, comenzó expresando. 

“Mi mamá tenía 23 años, mi papá tenía 26, mi mamá estaba embarazada de mí de cinco meses. Mi mamá estuvo perseguida y con su compañero desaparecido. Supe que ella anduvo por varios lugares de Buenos Aires y por el norte del Gran Buenos Aires, ocultándose de la dictadura, que efectivamente la seguía persiguiendo. Ya habían ido a la casa de mi otra abuela. Para el momento de dar a luz seguía en esa misma situación, no sé dónde nací, entiendo que al norte del Gran Buenos Aires. Un tiempo después llegamos a una casa en San Nicolás, en la calle Juan B Justo, habitada por el matrimonio Amestoy Fettolini de Nogoyá, Entre Ríos, que también estaban perseguidos. Convivimos unos meses con esta pareja y sus dos hijos, Fernando y María Eugenia, de tres y cinco años. Hasta el 18 de noviembre de 1976, 40 hombres de las fuerzas conjuntas del ejército, la policía federal, la policía bonaerense y la policía de Santa Fe, rodearon esa casa y la destruyeron. Allí murió Fernando de 3 años con su hermanita, que estaban en el baño, y al ingresar a la casa asesinaron al matrimonio y a mi mamá de 14 disparos de ametralladora. A mí me sacaron de adentro del placar. Yo tenía 5 meses y María Eugenia tenía 5 años, los únicos que salimos con vida, nos llevaron al hospital San Felipe que estaba a pocas cuadras y ella falleció por inhalación de gases”, relató Manuel sobre el día de la masacre perpetrada por los represores de la última dictadura cívico militar. 

Luego detalló que lo pusieron en una sala de maternidad con custodia policial por 4 meses, a través del juzgado de menores de San Nicolás, a cargo del juez Juan Carlos Marcheti, y que fue entregado en adopción a una familia que tenía un vínculo familiar con el juez. Así, Manue fue con 9 meses al sur del Gran Buenos Aires donde vivió viente años sin saber nada  de esto. Hasta que a mediados del año 1995 lo ubicaron por una investigación que habían iniciado las Abuelas de Plaza de Mayo y que también toma el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF).

Y reconstruyó el camino trazado por un montón de personas que contribuyeron a que le hagan los exámenes en el Banco Nacional de Datos Genéticos, que determinó que era hijo de Ana Granada y Gastón Goncalvez. Fue  “así como empiezo a restituir mi verdadera identidad”, dijo.

Interrogado sobre si su abuela Matilde Pérez pudo identificar a alguno de sus captores, contestó: “A Camps; ‘él estaba ahí con un traje celeste pero él no me pegó’, siempre hacía esa referencia…Yo no sé qué documentación había en la casa, pero mi mamá y yo sé que teníamos documentos que no tenían nuestra verdadera identidad. Mi mamá tenía un documento que la nombraba como Cristina Losa y yo era Manuel Valdez. Manuel es el nombre que habían elegido para mí y entiendo que la fecha de nacimiento, 27 de junio del 76, era la verdadera”.

Y cuando fue consultado por el destino final de los cuerpos del matrimonio Amestoy Fettolini, relató que “los cuerpos de los cuatro fueron entregados a la familia, a los pocos días, y fueron obligados a llevárselos a cajón cerrado para vayan directamente al cementerio de Nogoyá, luego de haber estado detenidos algunos de ellos en San Nicolás”.

“Entiendo que no se hizo lo suficiente para saber quién era mi mamá, si no lo sabían de antes, para identificarme a mí como hijo de Ana Granada. No fueron averiguaciones que se hallan hecho con el empeño necesario para que mi familia se enterara, recuperasen el cuerpo de mi mamá y yo volviera con mi familia sin perder mi identidad”.

En cuanto a sus padres, expresó que su “papá fue secuestrado el 24 de marzo del 76, hubo un llamado, él le dio el teléfono a alguien que avisó a la familia. No hubo respuestas de parte de las autoridades sobre dónde estaba él. Mi familia lo buscó inmediatamente sin respuesta. Lo que sí supe después fue que estuvo en la comisaría de Escobar en un camión celular, y conocí algunas personas que estuvieron secuestradas con él en los primeros días del golpe. Son varios los testigos sobrevivientes que me contaron esto. Hasta el 2 de abril, que se produce un traslado de ese grupo, se detienen al costado del Río Luján, bajan a algunas personas del camión, los fusilan, los incineran y los entierran sin identificar en el cementerio de Escobar…el hallazgo de esos restos se produce un año después de que me encontraron a mí. Un grupo de trabajadores encontraron cuatro cuerpos en el fondo del cementerio, hablaron con la directora y ella habló con su superior que era el intendente, Luis Abelardo Patti, quien le dijo que podían ser restos de animales. Esta señora hizo la denuncia ante el juez de Campana, quien convocó al EAAF, se delimitó ese espacio y encontraron los cuerpos, uno de ellos fue identificado como mi papá. Luis Abelardo Patti fue condenado años después a cadena perpetua, en el 2011, por el asesinato de mi papá y de otras personas”.

Y de su mamá, dijo que “después de pasar por la morgue del hospital, fue llevada al cementerio de San Nicolás, fue enterrada como NN, después levantaron esos restos y los pusieron en el osario. Se tomaron las huellas dactilares de los cuerpos que sacaron de la casa de ese operativo, en esos expedientes aparecen dos hojas que tienen las huellas de esa mujer asesinada, se mandaron a cotejar a la Universidad de Mar Del Plata y ese trabajo permitió identificar que era Ana María del Carmen Granada. Hubo un juicio en el año 2012 por el asesinato de mi mamá en este mismo tribunal y fueron condenados los responsables del operativo”.

“Yo me presenté para que se investigue mi apropiación y esa causa está en la Corte Suprema esperando que llegue a un fallo que haga justicia. El juez de menores, el secretario y demás intervinientes del poder judicial no cuidaron a ese bebé y fueron parte de la sustitución de mi identidad, incluso en democracia con el paso de las Abuelas de Plaza de Mayo por San Nicolás buscándome, siempre negaron lo sucedido…Me llevó muchos años conseguir muchas pruebas, testimonios, para conocer quiénes eran mis papás y luego se convirtieron en pruebas para las causas, como los de los vecinos de la calle Juan B. Justo”.

Y finalmente, relató que encontró “las fichas en la DIGBA, tanto las fichas de mi mamá como de mi papá, y lo que se mostraba era una persecución previa de la policía bonaerense, haciendo inteligencia sobre con quién estaban y dónde. Cuando encontramos esa información, la carpeta de mi papá, en las últimas hojas, tenía información de su exhumación, es decir que la policía bonaerense en el año 96 seguía haciendo inteligencia sobre un desaparecido”.

Y agradeció “la posibilidad de ser escuchado, más allá de la sustitución de mi identidad, a mí me tocó empezar a reconstruir mi verdadera historia en un país en el que había impunidad. Ver al condenado por el asesinato de mi papá como un ejemplo de la policía en la televisión, que era tu vecino, que podía usar la democracia para perpetuarse en cargos públicos y ampararse en fueros. Me siento muy orgulloso de lo que hemos construido. Soy un agradecido de que sigamos teniendo la posibilidad de contar lo que nos pasó. Esto no es para mí, es para la democracia que tanto nos costó conseguir y que tenemos que defender en estos momentos. Estos 300 hombres y mujeres que buscamos todavía, no sabemos dónde están porque los que los robaron no lo dicen. Espero seguir aportando en esto”.

***

El segundo testigo de la jornada fue Arturo Carlos Gandolla y refirió sobre los hechos represivos del 17, 18 y 19 de noviembre de 1976: “Pertenecíamos a la organización montoneros. Yo vivía y militaba en San Nicolás y me informaron de los hechos. Me enteré cuando volví de Rosario de asistir al nacimiento de mi hijo. Me citaron de urgencia, muy temprano, el 20 de noviembre. Yo tenía uno de los controles con quien para mí era Mariana, la madre de Goncalvez, fui a la cita y no apareció. Tenía una segunda cita a la que no quise ir porque presumí que la persona podía estar detenida y dar la información para la caída de las viviendas. Pasamos en diagonal con una moto y vimos que había policías en los techos”.

“En el hecho del 18 de noviembre, el matrimonio Trot logró escaparse de ese lugar y fueron a la casa de un compañero que dependía de mí, que se llamaba Viar, un muchacho de la ciudad de Mercedes. Fui a la casa y me los encontré ahí, no los conocía de antes y no los volví a ver. Lo que me dijeron fue que les habían avisado que había fuerzas policiales rodeando la zona y no habían  llegado al lugar, durmieron en el campo, hasta el día siguiente que encontraron un refugio”.

El tribunal pasó a un cuarto intermedio hasta el martes 25 de marzo a las 9hs.