Ir al contenido

El asesinato de Patulo Rave “fue un antes y un después” para la militancia

Las dos hermanas de “Patulo” Rave, Mariana y Verónica, declararon como testigos ante el TOF Nº1 de La Plata en una audiencia virtual sin público ni difusión. Patricia Pozzo, víctima de la represión y compañera de militancia de “Patulo”, afirmó que su asesinato marcó un “antes y un después”.

Por Gabriela Calotti

Mariana y Verónica Rave, integrantes de la familia Rave, hostigada y perseguida por la CNU platense en los años previos al golpe, cuyo hermano, Ricardo Arturo conocido como “Patulo” fue víctima de uno de los asesinatos más atroces de esa banda paraestatal armada de ultraderecha prestaron testimonio el lunes ante el Tribunal Oral Federal Nº1 de La Plata al que habían solicitado que sus respectivas declaraciones no fueran transmitidas por ninguna plataforma ni en presencia de público en la sala de audiencia, razón por la cual ésta fue íntegramente virtual.

El caso de “Patulo” es uno de los 13 que llegaron a este juicio, segundo tramo de un proceso sumamente fragmentado que tuvo su primer debate oral y público en 2017 con apenas 7 víctimas. El asesinato de este militante secundario hincha de Gimnasia y Esgrima de La Plata marcó un antes y un después entre la militancia juvenil platense de aquellos años.

Ricardo Arturo “Patulo” Rave, uno de los nueve hermanos, entre éstos siete varones, fue secuestrado en la casa familiar en calle 8 la madrugada del 24 de diciembre de 1975. “Patulo” tenía 19 años y era un conocido y querido referente de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES).

En dos audiencias anteriores prestaron declaración testimonial otros dos hermanos de “Patulo”, Miguel Gerardo y Federico Corazón de Jesús.

“Tras el asesinato de Patulo nunca nada fue como antes”

“A Patulo lo conocía bastante bien. Lo conocí cuando entré a la UES, la Unión de Estudiantes Secundarios (…) más o menos a fines del 73. Era responsable mio en un primer momento. Nos juntábamos para charlas políticas en la casa de la JUP en Diagonal 74. Así empezamos a conocernos, a hablar”, contó Patricia Pozzo interrogada por la auxiliar fiscal Ana Oberlin.

“Después cambié de responsable, que era Inés Raverta y con Patulo después teníamos una amistad. Venía mucho a casa. Nos juntábamos mucho (…) y a veces pasábamos la tarde. Tengo un recuerdo maravilloso de Patulo, muy divertido, sonriente. Compartimos muchos momentos muy lindos de adolescentes”, explicó Pozzo.

¿Cómo supiste lo que pasó con él?, le preguntó Oberlin. “Fue cuando apareció su cuerpo colgado de un puente el 25 de diciembre. Vino Andrea Lebrini, que se encuentra desaparecida. Vino a mi casa, me agarró del hombro. Ella estaba llorando y me dijo ‘mataron a Patulo’”, respondió.

“Sabíamos en ese momento que era la extrema derecha, que era la CNU. Eran personajes que para nosotros eran como un fantasma que siempre nos rondaban en la cabeza. Eran personajes a los cuales les teníamos miedo”, sostuvo, antes de mencionarlos: “Pipi Pomares, el Indio Castillo, Tony Jesús, Carlos Alvarez y otro que le decían Sefi. Estos dos estaban en el Colegio Nacional”, precisó.

“Eran parte de la patota y representaban un riesgo. Sabíamos que todos estaban apoyados por Calabró”, aseguró.

Victorio Calabró era un infuyente dirigente de la ortodoxia sindical que representaba la poderosa Unión Obrera Metalúrgica (UOM). Era vicegobernador bonaerense pero tras la destitución del gobernador Oscar Bidegaín asumió ese cargo. A partir de allí la CNU, considerada brazo armado universitario de la Triple A, profundizó la violencia política en la ciudad.

Tiempo antes “Patulo” le había contado que se había pasado a la JP y que vivía en Berisso donde tenía una novia.

“Vivíamos en una amenaza permanente”, sostuvo Patricia Pozzo, que también confirmó que la casa de los Rave había sido objeto de dos artefactos explosivos y también lo ocurrido con uno de los hermanos más chicos, en alusión al secuestro de Miguel Rave cuando iba a la escuela primaria.

El 29 de julio de 1976 a la medianoche fue secuestrada en su casa por una patota que irrumpió preguntando “’quién es Patricia’”. “En mi casa estaban mis padres, mi abuela, mi sobrina, mi hermana Julia Esther, mi cuñado Roberto Daniel Castagnet y mi amigo Fabián Asla”.

“Cuando entran y preguntan por Patricia. Yo dije ‘soy yo’. Entonces me encapucharon y me llevaron a un cuarto y me empezaron a preguntar por Patulo. Me desestabilicé totalmente porque hacía ya siete meses que habían asesinado a Patulo y entonces dije ‘Patulo está muerto. Lo mataron’. Entonces me dieron unos cachetazos y me preguntaron cómo lo sabía y les respondí que ‘todo el mundo lo sabía’. Además Patulo vivía a la vuelta de mi casa”, relató. “Les dije que además todo el barrio lo sabía y que había salido en los diarios”, agregó.

“Entonces empezaron a preguntar ‘dónde está la familia’. No sé dónde está la familia”, les respondió.

“Nos llevaron a todos, incluso a mi amigo. Mi hermana y mi cuñado están desaparecidos. Mi amigo fue liberado 15 días después y yo seguí desaparecida hasta octubre creo. Pasé por varios lugares, después (a la cárcel) de Villa Devoto y después a Suecia”, explicó.

¿Qué consecuencias tuvo lo de Patulo para ustedes, para el grupo de amigos?, preguntó la auxiliar fiscal.

“Fue terrible. A nosotros nos cambió. Hay un antes y un después. El después fue siempre cada vez peor. Nos marcó. Hablo por mi y por mis compañeros que sobrevivieron. Hasta el día de hoy siempre recordamos a Patulo porque fue alguien muy querido y porque lo masacraron de una forma espantosa”, sostuvo.

Precisó que tras el asesinato de Patulo, “dejé de militar porque me empecé a plantear que tenía miedo y me sentía acorralada tras la muerte de Patulo (…) Dejé de militar y durante toda mi vida me arrepentí. Pero el miedo me ganó”.

Uno de mis compañeros, Alfredo, nunca más festejó la Navidad. “Porque también fue el inicio del caos, la pérdida de todo. A partir de ahí empezamos a perder todo. Yo perdí toda mi familia. Nunca nada fue como antes. Fue un final de adolescencia muy terrible. Para nosotros, para nuestras vidas, lo de Patulo quedó marcado a fuego”, aseguró.

“Nunca voy a olvidar su sonrisa. Fue un asesinato, una muerte tan terrible y espantosa que es imposible olvidar esos momentos”, concluyó Patricia Pozzo.

Esta octava audiencia del juicio que comenzó el 23 de febrero contra tres activos miembros de la Concentración Nacional Universitaria (CNU) banda paraestatal armada de ultraderecha peronista, Carlos Ernesto “El Indio” Castillo, Juan José “Pipi” Pomares y Antonio Agustín “Tony” Jesús, estuvo a cargo del presidente del Tribunal Oral Federal Nº1 de La Plata, el magistrado subrogante Jorge Gorini. Virtualmente lo acompañaron también los magistrados María Gabriela López Iñiguez y Fernando Minguillón.

Castillo, Pomares y Jesús están imputados por secuestros, tormentos y asesinatos de una brutalidad infinita. Los dos primeros se encuentran alojados en la Unidad Penitenciaria Nº34 de Campo de Mayo. El tercero cumple domiciliaria en Villa Elisa por razones de salud.

Las víctimas que llegaron a este juicio eran estudiantes con militancia política y/o actividad gremial en sus trabajos: Jorge Rosendo Ruda, Ricardo Arturo Rave, Alcides Emilio Méndez Paz, Daniel Rayson Midon, Carlos Alberto Sathicq, Horacio Salvador Urrera, Leonardo Miceli, Graciela Herminia Martini, y Néstor Hugo Dinotto. Las otras víctimas secuestradas y sometidas a tormentos son Walter Fabián Martini, Elia Zanata, Daniel Pastorino y Adelaida Ursula Barón. Nueve de ellos fueron asesinados. A la CNU se le atribuyen más de 70 asesinatos en La Plata y alrededores.

Desde meses antes del secuestro de “Patulo”, la familia Rave venía siendo hostigada: primero con el secuestro de su hermano Miguel cuando iba rumbo a la escuela primaria de 13 y 42, con dos bombas colocadas en la entrada de la casa y la detención de dos de sus hermanos mayores.

La CNU actuaba con una brutalidad extrema, en zonas liberadas por la policía bonaerense y el Ejército y abandonaba los cuerpos de sus víctimas en lugares públicos, algunos alejados de la ciudad, como caminos, arroyos o la vera del Río de La Plata.

La familia Rave estaba integrada por sus padres, Luis Homero y María Juana y nueve hijos, de los cuales siete varones -Luis Homero, Gustavo Adolfo, Carlos Marcelo, Guillermo, Ricardo Arturo, Federico del Corazón de Jesús, Mariana, Miguel Gerardo y María Verónica.

La familia Rave había llegado a La Plata en enero de 1970. Se instalaron en una casa “chorizo” con tres patios y varias habitaciones en la calle 8, cerca del centro. Todos trabajaban y los varones militaban, los más grandes en la Juventud Peronista (JP), en la Juventud Universitaria Peronista (JUP) y los más chicos en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES).

Por las querellas estuvieron conectados los letrados Rodrigo Cano Malacalza por la querella particular de las familias Rave y Urrera, las abogadas Guadalupe Godoy por la Liga Argentina de Derechos Humanos; Verónica Bogliano y Camila Gerini por la subsecretaría de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires; Pía Garralda por el colectivo Justicia Ya y Ana Oberlin como fiscal auxiliar por el Ministerio Público Fiscal (MPF).

También siguieron la audiencia por zoom los abogados defensores de los imputados, Juan Domingo Pesquera, Fernando Castejón y Lisandro Sevillano.

La próxima audiencia, número 9, está prevista para el miércoles 13 de mayo a las 9.30 hs. Se espera para las próximas audiencias que el imputado Castillo amplíe su indigatoria, tal como solicitó luego de la declaración de Federico Rave.

Las audiencias de este segundo juicio contra la CNU platense, son mixtas, es decir presenciales con público en la sala y virtuales. Son transmitidas en directo por los canales de Youtube del Poder Judicial (https://www.youtube.com/@pjn-videoconferencias); por la página web del Centro de Información Judicial (CIJ) (www.cij.gob.ar); y por el canal de Youtube de La Retaguardia TV, único medio de comunicación que desde hace años transmite en directo juicios por delitos de lesa humanidad (https://www.youtube.com/user/laretaguardia).