Después de casi un mes sin audiencias y sin ninguna explicación pública del TOF Nº1 de La Plata, el lunes se reanudó el segundo juicio contra la CNU por 13 casos, entre éstos 9 asesinatos brutales. La próxima audiencia será recién en agosto.
Por Gabriela Calotti
Con la declaración testimonial del hermano de Horacio Salvador Urrera y del hijo de Carlos De Laturi, ambos asesinados en abril y enero de 1976 por la Concentración Nacional Universitaria (CNU) organización paraestatal armada de ultraderecha peronista, se reanudó esta semana con la audiencia número 15 el segundo juicio contra esa organización paraestatal armada de ultraderecha peronista que desde 1974 hasta pasado el golpe cívico-militar, perpetró en La Plata y alrededores unos 70 asesinatos caracterizados por su brutalidad, con cuerpos acribillados a balazos y expuestos en las afueras de la ciudad.
Después de casi un mes sin audiencias y sin que el Tribunal explicara los motivos, el juicio oral y público por hechos trágicos ocurridos hace más de 50 años, que esta vez juzgan lo ocurrido contra 13 víctimas, de las cuales nueve fueron asesinadas, prosiguió con la presencia en la sala del juez Fernando Minguillón, subrogante del Tribunal Oral en los Criminal Federal Nº1 de La Plata. Por zoom siguieron la audiencia los otros tres magistrados: Jorge Gorini, Gabriela López Iñigez y Ricardo Basílico.
Los imputados son tres activos miembros de la CNU, que era el brazo universitario de la Triple A. Se trata de Carlos Ernesto “el Indio” Castillo, Juan José “Pipi” Pomares -detenidos en la Unidad Penitenciaria Nº 34 de Campo de Mayo – y Antonio Agustín “Tony” Jesús, que cumple domiciliaria en Villa Elisa siguieron la audiencia vía digital. Tras la declaración de los testigos, Castillo quiso ampliar su indagatoria.
Sobre ellos pesan, según el derecho penal, los delitos de homicidio doblemente calificado, privación ilegal de la libertad, tormentos, violación de domicilio y daños contra 13 víctimas, perpetrados en los meses previos al golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 del que se cumplieron 50 años.
Interrogado por el abogado querellante Pablo Llonto quien representa a su familia y acompañado por Carmen Celis, en nombre de la CODESEH, Mario Urrera fue el primero en declarar una vez más ante un Tribunal Federal por el secuestro y asesinato de su hermano Horacio Salvador.
“Horacio era y es mi hermano. En aquel tiempo Horacio tenía 23 años de edad, era estudiante de Derecho acá en la Universidad Nacional de La Plata y concomitantemente trabajaba en el Registro de la Propiedad que estaba en parte del edificio del Ministerio de Economía en 7 entre 45 y 46, en la oficina del Folio Real. En ese tiempo era delegado del Sindicato de AERI y compartía sus vivencias conmigo. En cuanto al tema que nos ocupa me relataba en esos tiempos que la CNU tenía gente operando en diferentes instituciones, fábricas, escuelas, y en algunos ministerios y en este caso, en el lugar donde él trabajaba, trabajaban también Pipi Pomares, Fernández Supera y Chalicia, integrantes de la CNU”, empezó relatando Mario Urrera con voz pausada.
“En aquellos tiempos ejercían presión y malos tratos para con los compañeros de trabajo, violencia explícita, eran realmente una patota. Solian recibir la visita del Indio Castillo, del Chino Causa, en fin, de diferentes integrantes de la agrupación y bueno, portaban armas. En alguna oportunidad me comentaron que habían arrojado una máquina de escribir a uno de los delegados…una terrible situación violenta”, precisó al describir el clima violento que generaban los integrantes de la CNU en ámbitos de trabajo que se extendían al ámbito estudiantil.
Mario explicó que su hermano conocía desde el secundario a Pomares pues habían ido al Colegio San José pero aclaró que los los separaba su posición ideológica. “Horacio ideológicamente simpatizaba con la Juventud Peronista. Ideológicamente tenían ideas contrapuestas con Pomares y el resto de la gente de la CNU que eran peronistas de ultraderecha y concretamente en el caso de Horacio lo amenazaban permanentemente y cada vez con mayor presión”.
Describió a su hermano Horacio como “un tipo líder” que “no pasaba desapercibido” pues tenía “una personalidad muy fuerte” y era un “tipo entrador”, “muy sociable”. El propio Horacio le comentó en varias ocasiones “el asedio que recibía, a tal punto que optó por pedir el traslado que consiguió para 1974 cuando pasa a trabajar en el Honorable Tribunal de Cuentes, donde yo trabajaba, e inclusive terminamos siendo compañeros de la misma oficina”. Horacio militaba en la Juventud Peronista (JP).
“Eran tiempos difíciles. Salíamos de persecusiones y asesinatos. Horacio me comentaba que temía e imaginaba que en algún momento esta gente lo iba a levantar”. Y así fue.
“La madrugada del 20 de abril de 1976 irrumpen en nuestro domicilio con fuertes golpes en puerta y ventanas al grito de “abran, somos el ejército”! Horacio les abrió. Entraron violentamente. Eran unas seis personas, todos hombres, vestidos de civil, a cara descubierta, la mayoría con pelo corto. Había uno bajito de bigotes, uno alto de ojos saltones, había un obeso, cargados con armas largas de todos tipo, revólveres, pistolas, Itakas, escopetas de dos caños. Nos maltrataron. Cuando quise reaccionar tuve a dos de ellos que me alumbraban la cara con una linterna”, recordó al relatar la irrupción de la patota que había venido en tres autos Falcon.
“A Horacio lo retuvieron en el living, en la entrada de la casa”, explicó y contó que en un momento logró acercarse al living para despedirse de su hermano. “Lo abracé, nos dimos un beso” y el me dijo ‘quedate tranquilo, en breve nos vamos a ver’”. Los agresores se fueron y cerraron la puerta con llave desde afuera. El miró por la ventana, vio los tres autos. “Terminé estimando entre 12 y 15 personas en total”, aseguró. “A partir de ese momento comenzó la desesperación y la búsqueda de Horacio”. Era más de 0.30 hs de la magrudada. La casa familiar estaba en 26 entre 56 y 57.
Llamaron por teléfono a la Comisaróa 5ta de La Plata, al Servicio Radioeléctrico y a la Policía Federal. “En ninguno de los tres casos nos dieron atención”. Horas más tarde llegó a su casa un grupo de la Comisaría 5ta encabezada por el Comisario Nuñez quien los trató de forma despectiva, preguntando “permanentemente en qué estaba metido mi hermano” y hasta aseguró que “los subversivos se están matando entre ellos”.
La búsqueda de información sobre el paradero de Horacio Salvador lo llevó a las comisarías 5ta, 8va, 9na, a 1 y 60, a la Jefatura de Policía e inclusive a mantener una entrevista con el dirigente radical Ricardo Balbín, precisó. También se reunió varias veces con un abogado “de apellido Rosales que trabajaba en la Curia de La Plata con Monseñor Plaza”. “Ese señor me brindó mucha información” y en Capital Federal se reunió con alguien de la Marina “que no se identificó”. “Pasé por el Batallón de Infantería de Marina, por el Regimiento de Comunicaciones, gestioné un Hábeas Corpus… lo habitual en aquellos tiempos”, explicó.
En esos días, también fue al Regimiento VII de Infantería ubicado en la actual Plaza Islas Malvinas. “Eramos muchos esperando en la rambla sobre la calle 19 (…) cada uno compartía su problemática”, precisó, antes de indicar que allí por casualidad se puso a conversar con un señor. “Cuando empieza a hacer el relato de lo que había sucedido con su hijo, noté que tenía mucha coincidencia operativa con el grupo que había pasado por mi casa. En resumidas cuentas este señor terminó siendo Frauro Sathicq, uno de los muchachos que terminó apareciendo junto al cuerpo de mi hermano”.
Los cuerpos acribillados de Horacio Salvador Urrera, Carlos Alberto Sathicq y Leonardo Miceli, aparecieron semanas después en un arroyo en el arroyo en la localidad de Sarandí. Los tres fueron secuestrados la misma madrugada. “Primero habían pasado por al casa de él, después por mi casa y luego al domicilio de Miceli”, puntualizó según pudo reconstruir.
“Unos nueve días después del secuestro de Horacio, sucedió que detienen a este grupo de la CNU. Ellos habían ido a la casa de Arias, que vivía a tres o cuatro cuadras de mi casa y esa noche, cayeron en una redada. Hubo un operativo. Cuando ellos van a secuestrar a Arias se encuentran con que el padre de este chico era comisario. Llega el Ejército y procede a detenerlos. Pasan por la comisaria 8va y luego los llevan a la Unidad 9 en calidad de detenidos”, contó.
Hacia el 20 de mayo, un mes después del secuestro de Horacio, “recibo en la oficina un llamado desesperado de mi madre (María José Speri) dándome cuenta de que lo habían asesinado a mi hermano y adonde lo tenían. Inmediatamente dos compañeros de mi oficina se ofrecieron a llevarme hasta Avellaneda, a la Comisaria 4ta y ahí habían armado un expediente. Me mostraron ropa que identifiqué que era la ropa de cama que tenía puesta mi hermano cuando se lo llevaron y lo reconocí a través de fotografías que me mostraron.
“Los cuerpos habían aparecido arrojados en el arroyo Santo Domingo de la localidad de Sarandí. Luego fuimos al cementerio de Avellaneda. Recuerdo que la situación en la morgue fue terrorífico porque había cualquier cantidad de cuerpos desnudos, arrojados sobre el piso, sobre la tierra, rodeando el pequeño edificio. Arrastraban cuerpos con sogas y uno de los operarios me comentó algo de una fosa común. El cuerpo de mi hermano lo tenían en una de las heladeras. Al día siguiente fuimos a buscar el cuerpo con un primo mío para hacer el servicio fúnebre”, relató detalladamente Mario Urrera.
Explicó que la primera vez que declaró ante la justicia por el secuestro y asesinato de su hermano fue en 1986 en los Tribunales Federales de Comodoro Py en la causa Camps. “Con el transcurso del tiempo siempre traté de seguir averiguando respecto de quiénes habían participado de esta aberración y recuerdo que una de las cosas que hice fue tratar de vincularme y llegar a charlar con ex compañeros del lugar en el que él trabajaba y en particular hubo varios. Todos apuntaban a que había sido seguramente Pomares quien había promovido”.
Urrera mencionó específicamente una larga conversación que mantuvo con tiempo después en Trenque Lauquen con Jorge Raúl Aicardi, compañero de su hermano en el Registro de la Propiedad en La Plata y delegado gremial de ATE. “Era muy allegado a mi hermano, era mayor que mi hermano”. “Me decía que estaba seguro de que Pomares había sido el gestor de toda esta cuestión”. Aicardi “estuvo más de un año escondido en un camarote de un crucero para escapar de un posible secuestro”, sostuvo.
En 2012 se presentó en el Juzgado federal y cuando terminó de declarar le mostraron fotografías. “Eran unas cuantas fotos. Y cuando vi una de esas fotos, me recordé inmediatamente que esa cara yo la tenía en mi mente con mucha certeza. La señalé. (…) Marqué esta foto de la que estaba seguro y después de un tiempo, como querellante, me entero de que esa cara correspondía al Pipi Pomares. Asi que tuve la posibilidad de comprobar personalmente en el caso de él, que Pomares había estado en el grupo que entró en mi casa esa noche”.
Mario Urrera dijo que a través de Juan Scatolini “una gran persona, lamentablemente ya fallecido, un militante peronista altamente comprometido con los derechos humanos”, que padeció el secuestro, la tortura y terminó en la Unidad 9, logró conectarse con Alfredo Lozano, alias “el Bóxer”, un integrante de la CNU que también, al igual que Castillo, Pomares y Jesús, habían estado detenidos en esa cárcel de La Plata. Lozano le había comentado a Scatolini que era amigo de los Frangi, familia que casualmente era muy cercana a los padres de los hermanos Urrera.
Explicó entonces que tuvo varios encuentros con Lozano entre 2010 y 2011 en un lapso de 4 a 6 meses. En esos encuentros Lozano alias “Bóxer”, le fue contando lo que había pasado cuando fueron a su casa. Aquella primera conversación tuvo lugar en la confitería del ACA en 9 y 51. Lozano -ahora fallecido- había sido policía en Caballería, en 1 y 60.
“Frangi me había dicho que a su familia le había llegado el comentario de que Lozano había tenido algo que ver con esta cuestión (ndlr: el secuestro de su hermano). Lozano no hizo mas que confirmarme esto. Recordó con mayor detalle lo que había sucedido y ahí es donde me comenta los nombres que me dio de los que participaron esa noche: el Indio Castillo, Pipi Pomares, Tony Jesús, el Chico Causa, Pucho Sánchez, Feriño Masota, Quinteros, y por supuesto él y probablemente algún nombre que estoy perdiendo”, afirmó Urrera.
Y continuó: “lo que a mí más me impactó fue el relato puntual de lo que sucede cuando salen de mi casa y cómo sigue el tema a posteriori. Van a otro domicilio, cargan nafta y resultó ser el domicilio de Miceli y luego me hace el relato de cuando van por la Panamericana y cuando mi hermano se topa en la calle con Pomares. Tuve la certeza de que este hombre había estado ahí.
Tuve la certeza absoluta de su verdad”, sostuvo.
Urrera manifestó ante el Tribunal que Lozano le contó de la noche que asesinaron al médico pediatra Mario Gershanik, a dos cuadras de la Jefatura de Policía. “Entendí que era la primera vez que lo llevaban para participar en un secuestro”.
Mario Alberto Gershanik fue asesinado el 10 de abril de 1975. También era médico en el Policlínico del Turf, actual Hospital Rossi. Su asesinato apareció al día siguiente en la primera plana del diario El Día pues era un conocido médico platense, que además militaba en el PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores). Urrera afirmó el lunes que según el relato de Lozano esa noche que “venían de Punta Lara. Se habían encontrado con (Anibal) Gordon, que participó del evento esa noche. Y hasta donde recuerdo habla de Castillo, Pomares, Causa, Sánchez, el Sordo Arana y relata también a alguien que llamaban el Polaco”.
“Quería hacer mención de esto (porque) el grupo que interviene en lo de Gershanik y el grupo que vino a la casa nuestra es el mismo grupo. Era un plantel fijo de aproximadamente 12 personas que eran siempre los mismos lo que actuaban.
Oh casualidad, todos los caminos conducen a Roma, y son los mismos que terminan detenidos en la casa de Arias.
Siempre son los mismos”, enfatizó Urrera.
Aseguró que Lozano le dijo que había ido a declarar al Juzgado ante el juez federal Arnaldo “Corazza y el secretario Botto “y en el juzgado lo sacaron a escobazos. No lo dejaron declarar diciéndole que ‘tomara conciencia de que se estaba autoincriminando y que si le tomaban declaración, se iban a ver en la obligación de detenerlo”.
Explicó que en 2012 Lozano hizo entonces una declaración ante un escribano. “Guardaba para mí la ilusión de que esa nota iba a promover la detención o por lo menos el pedido de declaración de los integrantes de la banda, que esto iba a generar algún tipo de avance, pero lamentablemente doy cuenta de que esto fue en 2012. Han pasado apenas una tontería de 14 años, viéndolo desde la institución del derecho, casi nada de tiempo”, sostuvo con sarcasmo y tristeza. “Cuando hablamos de los hechos que nos tocaron vivir, hablamos de medio siglo”, agregó.
Urrera recordó que “todas estas cuestiones” salían a la luz en el semanario Miradas al Sur y precisó que cuando publicaron una nota sobre “Bóxer”, empezaron a aparecer comentarios de lectores diciendo “Bóxer traidor, hdp, sos boleta”.
En su casa, la patota de la CNU también se robó pertenencias de la familia: dinero, una campera, muchos objetos, estatuillas, un reloj pulsera. “Lo que pudieron robar, se lo robaron”, afirmó.
Mario Urrera se comunicó en aquellos años con la esposa de Leonardo Miceli, Ana María Bossio, quien declaró en este juicio en audiencias anteriores. “Ana María identificó al Indio Castillo” como uno de los integrantes del grupo que fue a su casa esa madrugada.
“Pudimos armar toda la película porque primero pasaron por la casa de Sathicq, en 7 entre 517 y 518, luego por nuestro domicilio en 26 y luego por el domicilio de Ana María que estaba por la zona sur, en 70 y pico. Tengo entendido que esa noche también pasaron por la casa del hermano de Ana María que se salvó porque no se encontraba en la casa”, precisó Urrera.
“Los cuerpos aparecieron a la vera del arroyo, en parte cubiertos por agua en no más de 5 metros, con las manos atadas a la espalda y amordazados”, respondió interrogado por Llonto.
Carlos Alberto Sathicq y Leonardo Miceli trabajaban en Propulsora Siderúrgica en una empresa tercerizada de limpieza llamada Limpiolux. “Habían tenido problemas gremiales por los sueldos. Tenían una militancia”, precisó y aseguró que por lo que supo en esa planta “había gente de la derecha infiltrada. Había un movimiento gremial muy iportante y fue uno de los lugares que tuvo mucha persecución hacia la militancia progresista”.
Antes de concluir su testimonio, Mario Urrera pidió al Tribunal hacer un “comentario personal” que uno de los abogados defensores de los imputados intentó interrumpir.
“Simplemente decir que estoy terriblemente decepcionado y apenado por la situación actual que nos toca vivir en este país y que sé que si mi hermano y los 30.000 hubieran continuado sus vidas, la realidad que hoy nos toca sería muy distinta. Jamás hubiera imaginado el país que tengo”, sostuvo.
Dirigiéndose al juez Minguillón, el testigo continuó luego de la interrución del abogado defensor: “le agradezco que me dejen terminar después de 50 años de arrastrar con esta historia. Si yo pasé 50 años, me banquen 5 minutos. Sería justo. Tenemos un Poder Ejecutivo corrupto, vendepatria, genocida, un Poder Legislativo que da la espalda al pueblo y un Poder Judicial desquiciado, denigrado, donde cuando hay que cajonear se cajonean causas y cuando hay que apurar expedientes se apura. Absoluta y totalmente discrecional. Por eso digo quiero tomar este acto como un sentido y entrañable homenaje a la memoria de mi querido hermano y de los 30.000 que lo acompañaron”.
“Desde o institucional soy muy escéptico. Quienes hemos prestado testimonio hemos hecho honor a la verdad y la memoria. En cuanto a la justicia que ustedes representan y que deben honrar, queda en vuestras manos, espero que la honren”, concluyó Urrera con aplausos sostenidos del público y familiares presentes en la sala del tribunal federal platense.
De Laturi, otro delegado de Propulsora asesinado por la CNU-TripleA
Salvador Abelardo De Laturi trabajaba en la planta de Propulsora Siderúrgica que está camino a Ensenada. Era delegado e integrante de una comisión interna, explicó su hijo Carlos, que fue recogiendo pedazos de la historia de su padre para reclamar justicia 50 años después, porque por aquel entonces tenía apenas 3 años de edad.
“El 13 de enero de 1976 a la madrugada lo secuestran de la calle Brasil en Ensenada. La familia dice que ya lo tenían marcado. Fue una noche a buscar ropa. Y seguramente lo venían siguiendo. Esta patota llega en dos Falcon. Ya lo tenían en el baúl a Juan Carlos Scafide. Dieron vuelta la casa y se robaron todo, hasta las fotos. Lo meten en el baúl de un Falcon”, contó Carlos De Laturi al Tribunal. Scafide también era delegado.
Hacia fines de 1975 su papá, su mamá María Eva, embarazada de su hermana y él, viajaron a General Pico, en La Pampa, donde vivía la familia de ella. “Mi padre le dijo a un amigo que se iba a La Pampa a dejar a su familia porque él sabía que estaba marcado. Sus compañeros le habían dicho que no regresara”, contó.
Según pudo reconstruir del secuestro de su padre participaron el Indio Castillo, Pomares, Jesús, Fernández Supera, Sánchez y Erracarte Pueyrredón. A su padre y a Carlos Scafide “los llevaron a la zona de Ignacio Correa”. La patota armada llegó en dos Falcon, precisó.
“Lo encuentran el 14 de enero en un descampado. Lo sacan a Scafide, tenía las manos atadas y en las manos le ponen una bomba de trotyl. A mi padre le decían ‘El Pampa’. Lo sacan del auto y los llevan a los dos. Y se que el Indio Castillo lo mata a mi padre con una Itaka. Los rematan a balazos y encienden la bomba para que vuelen los cuerpos.
Carlos De Laturi consideró que “seguramente en Propulsora había una lista negra”.
Ellos vivían en una casa en la calle San Martín y Brasil, en Ensenada. Según pudo saber, Salvador De Laturi “participaba en el PC y después estuvo militando en el PRT”. Y explicó que también pudo entererarse de las actividades de su padre por el libro “La CNU: el terrorismo de Estado antes del golpe” de Daniel Cecchini y Alberto Elizalde Leal, por “La Voluntad” de Eduardo Anguita y Martín Caparrós y por el documental de Ariel Suárez Córica titulado “Antes del golpe”, precisó interrogado por el auxiliar fiscal Juan Martín Nogueira.
Carlos De Laturi pidió al tribunal que su testimonio pase al Tribunal Federal Nº3 donde está la causa de su padre.
“Hubiésemos sido felices los cuatro si no hubiese pasado lo que pasó”, aseguró De Laturi hijo, que volvió a Ensenada 40 años más tarde del secuestro de su papá, tras lo cual -confesó- “quedamos en la nada misma”. La familia se quedó a vivir en La Pampa.
Desde la cárcel, donde cumple varias condenas por delitos de lesa humanidad, entre ellas una perpetua tras el primer juicio contra la CNU platense que tuvo lugar en 2017, Castillo quiso hablar sin aceptar preguntas. Con plena lucidez, de forma enérgica y amenazadora inclusive hacia abogados querellantes y hacia el Tribunal, intentó deslegitimar los testimonios y confundir los hechos. “Soy peronista con una cercanía a la ortodoxia”, sostuvo. En otro tramo de su extensa declaración dijo “jamás, mi organización”.
Tras la audiencia del lunes, el Tribunal volvió a hacer una pausa de otro mes, sin explicar tampoco los motivos, más allá del receso judicial invernal. La próxima audiencia tendrá lugar recién el 3 de agosto a las 9.30 hs.
Las víctimas de secuestro y/o asesinato que llegaron a este juicio son: Jorge Rosendo Ruda, Ricardo Arturo Rave, Alcides Emilio Méndez Paz, Daniel Rayson Midon, Carlos Alberto Sathicq, Horacio Salvador Urrera, Leonardo Miceli, Graciela Herminia Martini, y Néstor Hugo Dinotto. Las otras víctimas secuestradas y sometidas a tormentos son Walter Fabián Martini, Elia Zanata, Daniel Pastorino y Adelaida Ursula Barón. De estos 13 casos, 9 víctimas fueron asesinadas.
La CNU, brazo universitario de la Triple A, actuaba -principalmente en La Plata- con una brutalidad extrema, en zonas liberadas por la policía bonaerense y el Ejército y abandonaba los cuerpos de sus víctimas en lugares públicos, algunos alejados de la ciudad, como caminos, arroyos o la vera del Río de La Plata.
Gran parte de la militancia de entonces conocía a los integrantes de la CNU, entre los cuales los más expuestos, porque además iban a ver partidos de fútbol en La Plata, eran Castillo y Pomares. La CNU rompía asambleas en facultades, irrumpían armados y amedrentaban a quienes militaban y con quienes compartían lugares de trabajo, según numerosos testimonios de jóvenes de entonces, que los recuerdan con sobretodos largos y oscuros donde ocultaban sus armas.
Tras un inusual receso de casi un mes entre la audiencia número 14 que tuvo lugar el 10 de junio y la audiencia 15 que se desarrolló este lunes, pasaron casi cuatro semanas que coincidieron con el inicio del Mundial de Fútbol en Estados Unidos.
Las audiencias de este segundo juicio contra la CNU platense, son mixtas, es decir presenciales con público en la sala y virtuales. Son transmitidas en directo por los canales de Youtube del Poder Judicial (https://www.youtube.com/@pjn-videoconferencias); por la página web del Centro de Información Judicial (CIJ) (www.cij.gob.ar); y por el canal de Youtube de La Retaguardia TV, único medio de comunicación que desde hace años transmite en directo juicios por delitos de lesa humanidad (https://www.youtube.com/user/laretaguardia).
