“Patulo era el espíritu de esa vida militante”
Afirmó Adela Segarra, amiga y compañera de militancia de Ricardo Arturo Rave, cuyo secuestro y brutal asesinato a manos de la CNU, el 24 de diciembre de 1975, marcó un antes y un después para la juventud activista platense. Viviana Reissig, contó que esa noche estuvo secuestrada en uno de los autos en los que fueron a buscar a Patulo.
Por Gabriela Calotti
“Creo que casi todos los días de la vida lo tengo presente porque era el que transmitía esa alegría y esas ganas de luchar pero también de vivir la vida. Estaba muy feliz con su noviazgo con María José. Tenía una gran capacidad y gran empatía para conectarse con todos y era querido por todos. Era un símbolo de esa juventud, de esa adolescencia. Teníamos entre 14 y 18 años, y creo que Patulo era el espíritu de esa vida militante”, sostuvo el miércoles Adela Segarra en calidad de testigo ante el Tribunal Oral Federal Nº1 de La Plata que lleva adelante este juicio oral y público contra la Concentración Nacional Universitaria (CNU), banda paraestatal armada de ultraderecha peronista.
El caso de “Patulo” es uno de los 13 que llegaron a este juicio, segundo tramo de un proceso sumamente fragmentado que tuvo su primer debate oral y público en 2017 con apenas 7 víctimas. El asesinato de este militante secundario hincha de Gimnasia y Esgrima de La Plata fue uno de los episodios que marcó el devenir de la militancia juvenil platense de aquellos años, infundiendo miedo y terror.
Por los 13 casos, de los cuales 9 víctimas fueron asesinadas, están imputados en este juicio tres activos miembros de la CNU platense: Carlos Ernesto “El indio” Castillo, señalado como el cabecilla de los operativos de la patota; Juan José “Pipi” Pomares y Antonio Agustín “Tony” Jesús. Esta novena audiencia que tuvo lugar el miércoles fue íntegramente virtual. El presidente del Tribunal, Jorge Gorini fue acompañado por zoom por los jueces María Gabriela López Iñiguez y Ricardo Basílico.
Ricardo Arturo “Patulo” Rave, uno de los nueve hermanos de la familia Rave, entre éstos siete varones, casi todos militantes, fue secuestrado en la casa familiar de calle 8 entre 42 y 43 la madrugada del 24 de diciembre de 1975.
Interrogadas por el abogado Pablo Llonto, querellante en nombre de la familia Rave, ambas subrayaron que la patota de la CNU fue la responsable del secuestro y asesinato de Patulo Rave y describieron el clima de hostigamiento y persecución de la CNU contra la militancia peronista y de izquierda.
Adela Segarra tenía 16 años. Iba al Colegio Nacional Rafael Hernández, dependiente de la Universidad Nacional de La plata (UNLP). Había iniciado su militancia en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES). “Compartía ámbito de militancia con Alfredo Reboredo, con Gustavo Calotti, con Martín Aguirre, Rubén Scognamiglio, Pomelo Vigo (ndlr: Abel). En ese contexto de militancia realizábamos muchas actividades sobre la democratización de la institución académica. Teníamos un gobierno tripartito y además participábamos en marchas de apoyo a los trabajadores no docentes y realizábamos actividades de formación y recreativas, por ejemplo en el Parque Pereyra”, explicó al Tribunal, presidido por el juez Jorge Gorini.
Recordó entonces que “en el año 75 comenzamos una campaña que era por el boleto secundario estudiantil. En ese contexto de militancia, de actividades, conocí y tuve una relación de mucha amistad con Patulo que además había iniciado su militancia con Joaquín Areta que luego fue mi pareja y padre de mi hijo. Ellos iniciaron su militancia en el Movimiento de Acción Secundaria (MAS) que luego de la fusión de FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) y Montoneros se transforma en la UES”.
En esos años también compartían “militancia social y comunitaria en los barrios”, precisó. “Después, la relación se hizo más estrecha y pasábamos mucho tiempo digamos de una relación familiar. El pasaba tiempo en mi casa, íbamos a la cancha, él era fanático de Gimnasia y Esgrima de La Plata. Yo iba cuando había un clásico Estudiantes-Gimnasia”, contó. “También pasábamos tiempo en Mar del Plata con mi familia y mis primos que también eran militantes de la UES y de hecho he pasado cumpleaños familiares con Patulo en Mar del Plata ya fuera en las vacaciones de invierno como en verano”, describió.
En ese hilo conductor de contar al Tribunal quién y cómo era Patulo Rave, la testigo explicó que en octubre de 1975 se puso de novio con María José Noriega, que vivía en el mismo edificio que Joaquín Arieta. “Pasábamos tiempo con ella y con Patulo”.
¿Podés describir a Patulo, sus características personales, su rol político, su intensidad de militancia?, le preguntó Llonto a la testiga.
“Patulo era muy carismático. Era muy alegre. Era el que rápidamente proponía consignas, cánticos, tenía un nivel de empatía con todos los compañeros y siempre pienso que el espíritu y en la memoria de la UES – aunque rápidamtente desaparecieron y mataron a muchos compañeros-, cuando tengo que pensar en alguien que represente ese espíritu militante y de alegría, y de compromiso intenso siempre lo asocio con Patulo. Para nosotros fue un gran amigo, un gran compañero y era el que le ponía siempre esa cuota de sensibilidad y alegría a toda la tarea… Y a las cuestiones de la vida cotidiana”, relató Adela Segarra.
¿Recordás la participación específica de Rave en la UES?, le preguntó el letrado en otro tramo de su declaración testimonial. “Sí, por supuesto. En la marcha del boleto estudiantil participaron todos los centros de estudiantes pero fue una iniciativa que mucho tuvo que ver con la UES. En el año 75 habíamos evaluado que era una reivindicación sentida por el conjunto de los estudiantes y de alguna manera tomamos la iniciativa de hacer ese planteo en los distintos colegios y centros de estudiantes. Y en esa tarea, y en esas movilizaciones estábamos juntos y nos encontrábamos con Patulo”, explicó.
Para ilustrar el vínculo familiar que los unía y a pedido de Llonto, Adela Segarra mostró al Tribunal una fotografía en blanco y negro en la que aparecen Patulo Rave, ella y Joaquín, y sus primos Jorge y Laura Segarra el día del cumpleaños del abuelo de Adela. Joaquín, y sus primos Jorge y Laura, adolescentes que también militaban en la UES, fueron secuestrados en junio de 1978 y permanecen desaparecidos. Laura estaba con fecha de parto en ese mes “y nunca recuperamos a su hijo”, indicó al Tribunal.
Después de la muerte de Perón
Tras la muerte de Juan Domingo Perón, el 1º de julio de 1974, empiezan a actuar las fuerzas represivas a través de grupos paraestatales como la Concentración Nacional Universitaria (CNU) y la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina). La CNU, que sembró el terror principalmente en La Plata, Mar del Plata y Bahía Blanca, era el brazo universitario de la Triple A.
En agosto se producen en La Plata los asesinatos de Horacio Irineo Cháves, Rolando Cháves, Carlos Pierini y Luis Norberto Macor, y en octubre la CNU asesina a dos dirigentes de la UNLP, Rodolfo “el turco” Achem y Carlos Alberto Miguel. “Ya en el entierro hay represión y todos estos hechos mas los reclamos en la universidad aceleran la intervención de la UNLP en el marco de la misión Ivanisevich”, explicó Segarra al describir el clima reinante.
En efecto, el 14 de agosto de 1974 Oscar Ivanisevich, designado ministro de Educación de la Nación, dispuso entonces la intervención de las universidades nacionales por parte de la derecha peronista. Como interventor de la UNLP asumió La UNLP Pedro José Arrighi. Esto significó la cesantía de docentes, no docentes y preceptores en los colegios secundarios dependientes de la Universidad, el Colegio Nacional, el Liceo Víctor Mercante y Bellas Artes. Las autoridades concluyen anticipadamente el ciclo lectivo.
Antes de la intervención, Joaquín, su pareja, era preceptor en el Liceo. “Ya era egresado porque era mayor que yo. El renuncia y ese cargo lo ocupa María Inés Raverta. Luego de la intervención quedan cesantes”, contó y mencionó entre los cesanteados a un preceptor de nombre Guillermo Soibelman, quien permanece desaparecido desde noviembre de 1978.
La intervención provoca la llegada de nuevos preceptores pertenecientes a la CNU en las escuelas secundarias de la UNLP. “Había un clima de hostigamiento”, comentó. “El clima de represión ya lo sentíamos en el Colegio”, aseguró, antes de mencionar a Carlos Actis y a Gustavo Fernández Supera, por ejemplo.
“Ya había un marco represivo y una situación de riesgo y persecusión. Todos sufríamos persecusión y manteníamos alguna cotidianeidad en nuestra tarea, pero ya se percibía en la ciudad de La Plata una situación de mucha persecución hacia los militantes políticos”, sostuvo.
24 de diciembre de 1975
Para fines del 75 “Joaquín y Patulo trabajaban en un taller metalúrgico en Ensenada que era de un familiar mío en 43 y 122”, contó antes de describir las últimas horas que estuvieron con Ricardo Arturo Rave.
“Ese 24 de diciembre (…) salen ellos del trabajo, creo que al mediodía. Probablemente por ser el día de Nochebuena. Fuimos en el Citroen de Joaquín a hacer un recorrido por la ciudad y luego Patulo nos dice que va a ir a saludar a su madre. Nosotros le decimos que no, que no vaya. Patulo ya no vivía con su familia en su casa. No sé donde vivía. Algunas noches dormía en mi casa. La situación ya estaba complicada y sabíamos que en la casa (ndlr: de los Rave) había habido dos atentados con explosivos. Le decimos que no, que era riesgoso y el nos dijo que solo la saludaba a su madre, a quien le decíamos cariñosamente Marucha, y que luego se retiraba”, contó Adela Segarra.
“Por un tema de seguridad lo dejamos a unas cuadras. No lo dejamos en la puerta de la casa”, precisó. “Convivíamos con una incipiente clandestinidad y con una rutina. Le decíamos que era riesgoso pero no obstante, él se quedó. Lo dejamos a dos cuadras”, recordó.
Al día siguiente se enteraron lo que había ocurrido y el 26 de diciembre “salió en los medios”. Estando con Marcelo Rave en una casa en Ensenada “escuchamos la noticia en la radio: Patulo había sido acribillado y habían dejado su cuerpo en el ‘Puente de Hierro’, en 30 entre 88 y 90”, precisó visiblemente angustiada mirando hacia un costado o hacia arriba.
“Sabíamos que había una situación de riesgo. Nunca pensamos que podía pasar lo que sucedió. Si sabíamos que había una ofensiva de los grupos de derecha y de la CNU”, aseguró.
Después del asesinato de Patulo “no volví al Nacional”, contó Segarra que se inscribió en una escuela técnica en 7 y 32. Tras el golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976, ella y Joaquín se van a vivir al oeste del Conurbano, igual que sus primos. Tras el secuestro de Joaquín Areta y de Ricardo Poce, el marido de su hermana Carmen en noviembre de 1978, ambas deciden partir al exilio poco después.
Entre tanto, viviendo entre Berazategui y Florencia Varela un día se encontró con Federico Rave, hermano un año menor que Patulo, que trabajaba en una distribuidora de gaseosas. Volvieron a tener contacto cuando la familia Rave se trasladó a Mar del Plata. Allí, su mamá, Nelly Tacchi, referente histórica de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, fallecida en 2023, y la mamá de los Rave, María Juana Rivas de Rave, apodada cariñosamente “Marucha”, fallecida en 2024, entablaron una “relación muy estrecha”.
“Han pasado 50 años y todavía nosotros, los que fuimos familiares y amigos de tantos compañeros desaparecidos, seguimos reclamando justicia. Creo que en la justicia de Patulo está la de tantos compañeros que teníamos entre 15 y 20 años y que seguimos reclamando esa justicia en el marco de nuestro compromiso con la memoria, la verdad y la justicia”, sostuvo Segarra al concluir su declaración.
“Yo sabía que era la CNU”, afirmó una sobreviviente
Secuestrada aquella misma madrugada del 24 de diciembre de 1975 de su casa familiar ubicada en la calle 36 entre 115 y 116 de la ciudad de La Plata, Viviana Reissig estuvo cautiva en uno de los dos vehículos que luego de llevársela a ella fueron a la casa de la familia Rave, a quienes ella no conocía.
Viviana estudiaba Antropología en la Facultad de Ciencias Naturales de la UNLP. A veces cursaba en Medicina y otras veces en Humanidades, que por entonces funcionaba en pleno centro platense, junto al Rectorado. Vivía con sus padres, su abuela y su esposo y trabajaba en el Ministerio de Economía.
“Sentimos fuertes golpes en la puerta. Había un pasillo y sentimos gente en el pasillo. Mi esposo y mi familia fueron a abrir la puerta. En ese momento entraron un grupo de hombres, no puedo precisar la cantidad porque yo estaba en el dormitorio. A gatas comencé a vestirme y entraron dos personas. Una persona joven que daba la sensación de ser estudiante, y escuchaba que en la casa se producían ruidos y golpes y que había mucha mas gente que no alcanzaba a ver”, empezó relatando al Tribunal.
“Esta persona que se quedó conmigo me realizaba interrogatorio, qué hacia, quién era…”, recordó. “En un momento dado entró otro hombre y me dio la sensación de ser policía porque tenía un chaleco antibalas y tenía la cara picada de viruela. Era un hombre moreno”, describió.
Tras llevarla hacia la parte de delante de la casa, su esposo y ella fueron obligados a poner las manos contra la pared mientras “me estaba dando cuenta de que estaban saqueando la casa”, afirmó.
“En un momento dado me esposan con las manos hacia adelante y me sacan solamente a mi. Estaba muy oscuro pero alcanzo a ver por lo menos dos autos frente a mi casa. Me introducen en uno de ellos que era un auto celeste, un Peugeot color celeste”, recordó Viviana Reissig, ahora con el cabello canoso casi blanco.
“Conmigo en el asiento de atrás iba el hombre joven que me había interrogado y me obliga a poner mi cabeza sobre sus rodillas y comenzó un periplo”, explicó. Más tarde, ese mismo hombre abusó sexualmente de ella obligándola a que le “practicara sexo oral”, sostuvo.
Entre tanto, “no sabía adónde me llevaban y no sabía de qué se trataba. No sabía si eran una fuerza policial o el Ejército. No tenía ni idea. No había visto la cara de nadie y tenía la preocupación de saber quiénes eran”, agregó en su relato.
Fue entonces cuando “esgrimí lo que me pareció que de alguna manera podía parar esa situación alegando, cosa que era cierta, que tenía un cuñado que era capitán de Fragata, que estaban haciendo un atropello, que yo era un familiar de un miembro de las Fuerzas Armadas”, relató. Los autos siguieron andando e hicieron tres paradas.
En el interior del vehículo la interrogaron. Un hombre que tenía voz de ser mayor le preguntó si tenía relación con la organización Montoneros o si sabía qué era la CNU. El hombre joven con el que viajaba en el asiento de atrás del auto le hacía preguntas sobre su trabajo y sobre sus estudios. “Cuando le dije que estudiaba antropología me dijo ‘‘ah, como Margulis’. Mario Margulis era un profesor que teníamos (…) El lo conocía porque dijo ‘ah, también trabaja en Humanidades’. Me dio la sensación de que este joven era un estudiante por el conocimiento que tenía”.
Comentó que antes de que la sacaran de su casa en plena noche le dijeron que se abrigara. “Me puse la campera de mi marido y ahí estaba su carné de conducir”, comentó. Luego supuso que corroboraron que el apellido de su esposo Jorge Eduardo De Bento, era el mismo que el capitán de Fragata, su hermano, Carlos Enrique De Bento y el otro hermano, que según ella era de derecha, Hugo De Bento.
“Estamos viendo si te soltamos”, le dijeron. “Calculo que hicieron una llamada o vieron el documento”, agregó.
“Siguen y el hombre de voz grave me pregunta si conocía a una familia llamada Rave. En La Plata en general, una ciudada pequeña, nos conocíamos bastante. Pero yo no conocía a la familia Rave. Había escuchado hablar”, indicó al Tribunal.
“Yo escuchaba que pararon y que había ruidos. En ese momento pensaba que habían entrado a la casa de la familia Rave”, sostuvo. El mismo hombre le preguntó entonces si leía los diarios. “Y me dice: ‘fuimos a la casa de la familia Rave que son 8 o 9 hermanos. Todos guerrilleros. Nos llevamos al que encontramos. A ese lo vamos a fusilar. Si lees los diarios te vas a enterar y si no te vas a enterar igual”.
“‘De esta te salvás pero de la próxima no te salvás. Cuidate mucho’”, recordó que le dijeron antes de hacerla bajar en la calle 72 cerca de Meridiano V.
“Hubiese querido avisarle a la familia Rave pero no pude avisarles lo que ocurría. Pero sí me dijeron que lo iban a fusilar”, reiteró Reissig.
Mientras estudiaba en el Museo formaba parte del cuerpo de delegados estudiantiles, contó la sobreviviente, antes de asegurar que no tenía militancia partidaria pero que “era una época muy peculiar” donde “había participación estudiantil en todos lados. Se habían abierto mesas de trabajo donde discutíamos los planes de estudios, la orientación, las materias que era necesario agregar. Como muchos era militante en ese plano. Participaba de reclamos”, explicó.
Dijo que ya en 1974 había recibido amenazas en su contra. “En La Plata se empezaba a generar un clima bastante terrible” con “violencia y asesinatos” como el perpetrado en noviembre de ese año y atribuido también a la CNU, de Carlos de la Riva, estudiante de arquitectura a quien su marido conocía de la facultad.
“A esa altura el nivel de violencia de este grupo era muy grande. Recuerdo que viajaba en el colectivo para volver a mi casa y una compañera me dijo ‘¿viste a quien mataron hoy?’ El nombre de la víctima era Ivanovich”, dijo Reissig (ndlr: Carlos Rodolfo Ivanovich fue asesinado por la CNU el 3 de marzo de 1975 al bajar del micro en calle 7).
Reissig reafirmó que “el nivel de violencia en La Plata fue creciendo y ya era una secreto a voces de que cuando había un asesinato de esta naturaleza, era este grupo, era CNU. ‘Sí, otra vez fue CNU’. Había sembrado el terror en La Plata. Ese fue el motivo por el cual nos fuimos a Península Valdés. (…) Era casi cotidiano, a ver a quién mataron hoy. Era una situación de terror”, insistió.
Estando ella y su marido en Penísula Valdés supo de otras víctimas de la CNU. “Uno de los compañeros que era delegado y pertenecía al centro de estudiantes, estando yo en Chubut fue asesinado. Era Roberto Rocamora, tendría 19 años. Ingresaron en su casa y fue asesinado. Hubo otro que es Pablo Del Rivero. Iban en dos motos y los ametrallaron”. Rocamora fue asesinado el 8 de julio de 1975.
Después de aquel 24 de diciembre de 1975 “estaba claro que no podíamos quedarnos en La Plata”, contó. Se fue entonces a vivir a Mercedes con su suegra donde estuvieron hasta el 11 de marzo, cuando pusieron un explosivo en la casa de sus padres, que terminaron radicándose en el sur. “Tuvieron que abandonar su trabajo y la ciudad”.
“Cuando mis padres se fueron al sur me fui con ellos. Yo no estaba dispuesta a dejarlos. Mi abuela se enfermó. Mi madre sufrió una fuerte depresión, mi papá fue trasladado. Yo empecé a trabajar como docente y me jubilé como docente. No pude seguir estudiando porque a La Plata no pensaba volver. Cambio radicalmente la vida”, concluyó.
Además de Pablo Llonto, estuvieron presentes de forma virtual las abogadas Verónica Bogliano y Camila Gelini por la Subsecretaría de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires y Guadalupe Godoy, por la Liga Argentina por los Derechos Humanos. El auxiliar fiscal Juan Martín Nogueira también hizo preguntas a Segarra y a Reissig.
Castillo, Pomares y Jesús están imputados por secuestros, tormentos y asesinatos. Los dos primeros se encuentran alojados en la Unidad Penitenciaria Nº34 de Campo de Mayo. El tercero cumple domiciliaria en Villa Elisa por razones de salud.
Las víctimas que llegaron a este juicio eran estudiantes con militancia política y/o actividad gremial en sus trabajos: Jorge Rosendo Ruda, Ricardo Arturo Rave, Alcides Emilio Méndez Paz, Daniel Rayson Midon, Carlos Alberto Sathicq, Horacio Salvador Urrera, Leonardo Miceli, Graciela Herminia Martini, y Néstor Hugo Dinotto. Las otras víctimas secuestradas y sometidas a tormentos son Walter Fabián Martini, Elia Zanata, Daniel Pastorino y Adelaida Ursula Barón. Nueve de ellos fueron asesinados. A la CNU se le atribuyen más de 70 asesinatos en La Plata y alrededores.
La CNU actuaba con una brutalidad extrema, en zonas liberadas por la policía bonaerense y el Ejército y abandonaba los cuerpos de sus víctimas en lugares públicos, algunos alejados de la ciudad, como caminos, arroyos o la vera del Río de La Plata.
La audiencia virtual fue seguida por estudiantes secundarios reunidos en el Anexo de la Honorable Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires, en 53 entre 8 y 9 de La Plata, en el marco del programa de Promoción de los Derechos Humanos “Escuelas con Memoria”, impulsado por la Subsecretaría de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires en articulación con gremios como SUTEBA y SADOP, para fomentar la participación de la comunidad educativa en juicios de lesa humanidad y la construcción de memoria sobre el terrorismo de Estado.
La próxima audiencia será el lunes 18 de mayo a las 9.30 horas con más declaraciones testimoniales.
Las audiencias de este segundo juicio contra la CNU platense, son mixtas, es decir presenciales con público en la sala y virtuales. Son transmitidas en directo por los canales de Youtube del Poder Judicial (https://www.youtube.com/@pjn-videoconferencias); por la página web del Centro de Información Judicial (CIJ) (www.cij.gob.ar); y por el canal de Youtube de La Retaguardia TV, único medio de comunicación que desde hace años transmite en directo juicios por delitos de lesa humanidad (https://www.youtube.com/user/laretaguardia).
